Y AHORA EN DOHA

La Hora

27 de noviembre de 2012

 

En estos últimos años, diría tal vez las últimas dos décadas, menudean las reuniones y seminarios internacionales que tienen que ver con el medio ambiente, las reuniones sobre el cambio climático, la biodiversidad, los bosques, el agua...en fin, todo lo que tiene que ver con la protección de la naturaleza, parece que tiene una especie de imán que atrae a los expertos, a las autoridades, a las ongs, al sector público y privado, y claro, también a los medios de comunicación, a la prensa.

 

He tenido la suerte de participar en algunos de estos eventos, a los que se suele concurrir con entusiasmo, pensando sensata y altruistamente, que vamos a cambiar el mundo, que las discusiones, las negociaciones, la infinidad de palabras que se cruzan, van a surtir un efecto y van a lograr  modificar la conciencia mundial, pero sobre todo los hábitos de las personas, de los gobiernos, de las corporaciones y empresas, para conseguir por ejemplo, la reducción del efecto invernadero, la limitación de la emisión de gases, en fin, una serie de objetivos nobles y loables, con los que en teoría todos concordamos, pero que en la práctica distan mucho de cumplirse y aplicarse.Ahora los ojos están puestos en Doha, para ver qué resultados salen de esas discusiones, que en principio no son nada alentadoras; ya las principales economías mundiales, que están en proceso de recesión, han manifestado que no van a mejorar o incrementar sus metas, la prioridad viene por el lado de la economía y la estabilidad macro y micro económicas.

 

Si quienes estamos preocupados por mejorar la calidad del ambiente y conseguir los objetivos que nos pueden alejar de la catástrofe, queremos ser exitosos, habría que pensar en ser más creativos para buscar salidas económicamente atractivas, que a la preocupación por el salvataje del planeta, que a algunos parece no importarles en absoluto, o que se les antoja que esos tiempos están muy lejanos o que a ellos no les tocará, se aúne la posibilidad de generación de recursos económicos por ejemplo.

 

Parece que el viejo mito del rey Midas que transformaba en oro todo lo que tocaba, se hace realidad una y otra vez. Estamoss transformando en oro todo lo que tocamos, tanto, que hasta corremos con el riesgo de tocar el pan, el agua, y quedarnos sin la posibilidad de comer. Así tenemos cada vez más altos edificios, más sofisticados elementos de la tecnología, pero al mismo tiempo, estamos agotando los "huevos de oro de la gallina" o mejor dicho los recursos de la madre naturaleza.El cambio de hábitos parece lo más difícil de conseguir.

 

Ojalá no sean estériles las conversaciones finales de Doha, pero también tendríamos que volver los ojos a la ciencia para que a través de sus avances y de su benéfica aplicación, podamos realmente construir un futuro mejor.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.