Con el eco de las últimas fiestas de Quito todavía resonando, y muchos programas aún en curso y en plena ejecución, no podemos dejar de pensar en que sigue vigente en la mente de quienes hacen política, la vieja máxima romana de "pan y circo", es decir, contentar al pueblo y particularmente a los electores, con pedazos y migajas de la mesa imperial y darle a ese mismo pueblo, la máxima diversión posible.

 

Las migajas son muchas veces los bonos que se regalan a diestra y siniestra, que si bien pueden ser una política asistencialista ejecutable en casos de emergencia social, suelen ser no recomendables en un largo plazo para el verdadero desarrollo y sustentabilidad de un país.

 

En cuanto a la diversión, los masivos espectáculos públicos gratuitos, con cantantes de gran popularidad, sea nacionales o internacionales, son un mecanismo que hace que la gente olvide, al menos por un momento, las necesidades y las urgencias de la vida cuotidiana y se sumerjan en la euforia y el jolgorio por el que aparentemente no se paga, pero que también tiene un costo social.

 

Si algo hace que un pueblo surja y avance es la capacidad de emprendimiento de sus componentes, su creatividad puesta a prueba para enfrentar soluciones para desarrollar y apuntar energías, sin que se piense que la presencia del individuo y de afanes lícitos constituyan un pecado, pero muchas de esas capacidades se adormecen cuando se está solo a la expectativa de un nuevo espectáculo gratuito.

 

Si a ello se suma el paquetazo impositivo de los munícipes, esgrimido justo en medio de las festividades, queda perfectamente configurada la aplicación de las viejas prácticas recicladas.

 

Lo que el pueblo debe tener en cuenta, es que este tipo de medidas son a la larga perjudiciales para la población en su conjunto, cuando después  la farra viene el chuchaqui, la necesidad de pagar las cuentas de lo que se ha consumido y la triste realidad que se enfrenta luego de que las luces, el brillo, la fanfarria, se han extinguido.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

VIEJA PRÁCTICA RECICLADA

La Hora

17 de diciembre de 2011