UN VISTAZO AL BRASIL

El Tiempo

12 de noviembre de 2012

 

En estos últimos meses, he tenido la suerte de visitar al gran gigante del Sur por varias ocasiones, y de ver de cerca a ciudades vibrantes como Río de Janeiro, Manaos y Brasilia.

 

Efectivamente Brasil, uno de los integrantes de los famosos BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y considerado ya como la sexta economía del mundo, parece en continuo movimiento, en constante ebullición, tanto por la dinamia que ha cobrado su economía, convirtiéndose en una especie de Meca a la cual llegan los capitales y las inversiones de un mundo que ha sido golpeado y que ya no puede salir de las incertidumbres en las que la problemática económica de los Estados Unidos y de Europa les han colocado, como también por la proximidad de eventos tan importantes como el Mundial de Fútbol y las Olimpíadas.

 

Se construyen estadios o se amplían los existentes, se adecuan los escenarios deportivos de todo tipo, se invierte en infraestructura hotelera para tratar de dar abasto a la riada de turistas y amantes de los deportes y de los espectáculos que seguramente se harán presentes en las fechas previstas. Hasta los hogares sienten que deberían prepararse para recibir turistas y suplir las necesidades que no podrán ser satisfechas con la oferta hotelera.

Esa efervescencia que ya se vivió en menor escala en la cumbre de las Naciones Unidas de Río más veinte, continuará por todo este tiempo.

 

Pero, y ahí viene también el motivo del análisis, por otro lado, se piensa, por mucha gente, que lo que se vive es una especie de euforia que no tiene bases firmes; también la gente se preocupa por lo que la corrupción le hace al país, por el avance de la violencia y la delincuencia, que han transformado a ciudades como Sao Paulo y Río en verdaderos campos de batalla, con frecuentes muertos y heridos como un saldo doloroso y que aparecen en la prensa todos los días.

También, muchos sienten que la euforia será transitoria y que la crisis se hará presente cuando pasen los emblemáticos acontecimientos.  De otra parte, la gente percibe que todo está más caro y que los dineros no alcanzan, lo que genera una práctica de endeudamiento familiar que no cesa,  de hecho, Brasil está convirtiéndose en un país extremadamente caro en cuando a alquiler de vivienda, a precio de la comida y de los insumos básicos.

 

Pese a ello, y también tenemos que decirlo, la alegría del pueblo no declina, se percibe en las calles, en los centros comerciales, en cada lugar en donde se reúnen, una alegría contagiosa que ya querrían muchos para sí.

 

Esperemos que este gigante de nuestro vecindario, sepa cómo hacer las cosas, que no vengan las crisis después de la bonanza y que ejerza un liderato sobre el continente y en el mundo, que no replique los errores cometidos por otras potencias.

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.