UNA CUENCANA ILUSTRE

El Tiempo

27 de febrero de 2014

 

Cuenca ha sido una tierra pródiga en talentos, parecería que las aguas de sus ríos le proveen de esa materia prima maravillosa que nutre a poemas, a canciones, a las gamas de colores que se hacen presentes en los cuadros y que son también el acicate del pensamiento.

 

Una de esas personas lúcidas, dotadas de una gran calidad humana y que cultivaron a lo largo de su vida los mejores dones de la capacidad creativa fue Teresita Crespo de Salvador.

 

Esa afición por las letras las cultivó desde el hogar paterno y probablemente la maternidad acentuó las ganas de contarles historias a sus hijos y luego a sus nietos, lo que fructificaría en obras como Ana de los Ríos o Mateo Simbaña, bellos cuentos en los que puso de manifiesto el amor por su ciudad natal, por la bella Cuenca a la que continuó amando a pesar del casi permanente extrañamiento.

 

Ahora que Teresita no está más, quiero recordarla en estas letras, rememorar ese porte sereno y amable, su permanente sonrisa y las ganas por cultivar diferentes géneros literarios, entre los que yo quiero destacar su literatura para niños.

 

Académica de la Lengua, y con varios galardones que premiaron su aporte a la literatura infantil, Teresa Crespo Toral deja una rica herencia para esta literatura dedicada a los niños, a los jóvenes, pero que de seguro tiene muchos seguidores también en el público adulto.

 

Teresita escribió cuentos que algunos todavía nos empeñamos en paladear, sabiendo el amor que puso en ellos y en su entrega al público al que generosamente entregó su producción.

 

Ella ya no está más, pero perdura su luminoso recuerdo que seguramente inspirará no solamente a otros escritores que quieran seguir el derrotero de la literatura infantil, sino también a innumerables lectores que disfrutarán intensamente de sus obras, tanto como la autora disfrutó escribiéndolos.

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.