UNA CARTA DE UMBERTO ECO

La Hora

Febrero-2016

 

Es verdad que hay mentes privilegiadas que no solamente marcan a su entorno cercano, sino también a una época, así lo hace el  filósofo, semiólogo y escritor italiano Umberto Eco, reconocido mundialmente por obras como “El Nombre de la rosa” o “El Péndulo de Foucault”, que no paró de escribir y de inscribir su pensamiento inspirador en el registro de sus seguidores, de quienes lo leen y valoran su clara agudeza y su mente analítica y crítica.

 

Sus frases serán recordadas, como cuando expresó  “…estamos hechos de pequeños fragmentos de sabiduría…” pero también suscitó la polémica en otras en que criticaba a las redes sociales o en la famosa sobre Dios “Cuando los hombres dejan de creer en Dios, no quiere decir que creen en nada: creen en todo”.

 

Si bien, como muchos, quedé fascinada luego de una primera lectura de El Nombre de la Rosa, o cuando después me deleitaba con Baudolino y su fino humor, o seguía los intríngulis de La Misteriosa Llama de la reina Loana, también guardo para el anecdotario una carta firmada por el gran escritor italiano, en respuesta a una mía en la que le invitaba a participar en uno de los seminarios de periodismo científico que organiza cada dos años la Fundación FIDAL, motivándole a conocer un lugar que de alguna manera él lo menciona, conocido como Umbilicus Mundi, o el ombligo del mundo, tal vez en referencia a La Maná en la ecuatoriana provincia de Cotopaxi.

 

No pudo venir al Ecuador y atender esa invitación, pero demostró interés y por supuesto la cortesía frente a nuestro empeño en traerlo y nutrirnos de sus conocimientos y experiencias.

 

Ahora que no está, seguramente muchos sentiremos su ausencia, pero también sabemos que volveremos a leer las páginas surgidas de su mágica y fecunda pluma.

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.