ROSALÍA ARTEAGA SERRANO

 

De manera regular, nos enteramos de la situación económica de los países, establecida por los organismos financieros a nivel mundial, y allí se usan los términos de "Sube el riesgo..", y por supuesto nos alarmamos porque quiere decir que mientras más sube el riesgo, más problemas tenemos para conseguir inversiones, los créditos son más caros, las condiciones económicas de la población se alteran. En fin, hay una variedad de sintomatologías asociadas con los mencionados anuncios.

 

Pero, en esta ocasión, además del poco control de la política económica del actual gobierno, de una absurda política internacional, en la que el affair Assange aparece como la cereza del pastel, en términos de mala imagen para el país, sobre todo con nuestros principales socios comerciales, entiéndase los norteamericanos y los europeos, nos enfrentamos a una realidad que ya la veíamos venir desde hace años y que solo la ceguera o la mala fe gubernamental no tomaron en cuenta.

 

Nos referimos a lo que ocurre en la frontera norte, en donde ya menudean los ataques narco-terroristas, que han dado lugar al último lamentable y doloroso capítulo de la pasada semana, justo antes del feriado de Semana Santa, y que constituye el secuestro de tres personas, dos de ellas periodistas y el tercero un conductor, que hacen que el Ecuador saboree en carne propia, lo que la vecina Colombia ha sufrido durante décadas.

 

La decisión, en su momento, de conceder ingreso al Ecuador, sin ningún requerimiento de visados, alertó a las mafias internacionales para construir sus sedes en territorio nacional. La firma de la paz entre la guerrilla de las FARC y el gobierno colombiano, constituye otra razón que tiene que ver con un montón de gente desmovilizada cuya única ocupación es el de asaltar, de robar, de secuestrar, de vivir al margen de la ley. La falta de preocupación por mantener unas fuerzas policiales y militares disciplinadas y bien dotadas, ha dejado al país con una enorme fragilidad frente a los atentados narco-terroristas.

 

Nos preocupa la poca acción gubernamental, hace falta, como en los momentos duros de la guerra del Cenepa, el que se aglutine a todos los sectores, que se arme un solo frente que haga posible el desterrar estas prácticas extremadamente peligrosas del territorio nacional, que se busque a los más capaces para enfrentar los retos y que se ejerza un liderazgo claro que no abone a la intranquilidad.

SUBE EL RIESGO PAÍS