SOBRE LA PAZ MUNDIAL

La Hora

18 de septiembre de 2014

 

Parecería hasta utópico hablar y escribir sobre la paz mundial, cuando hay tantas conflagraciones en nuestro planeta, como si el ser humano no hubiera aprendido de las dolorosas experiencias vividas y tuviera, una y otra vez, que repetir lo que ya se dio, ese rito macabro de matar, aniquilar, extinguir a sus semejantes, en nombre de alguna religión, de algún credo, de alguna superioridad argumentada, pero que no lleva más que al ejercicio de visiones unilaterales y de dolorosas matanzas.

 

Por ello es aún más relevante, la decisión de algunos sectores de realizar convocatorias periódicas para reunir a líderes de los diferentes sectores y países, religiones y razas,  para tratar este tema, el de la paz mundial, el cómo hacer para que esta no sea permanentemente violentada, así como sobre todo hacer un ejercicio de unidad y de tolerancia.

 

En esta oportunidad he sido convocada para la reunión de Seúl en la que estoy participando, debo decir que, desde el mismo momento del arribo al aeropuerto de Incheon, se siente el vibrar de los jóvenes agitando banderitas, mostrando un gran hermanamiento y alzando sus voces por la paz.

 

La presencia de líderes globales es otro buen síntoma, pero lo que definitivamente más me conmueve es el permanente acompañamiento de jóvenes de muchos países que se adhieren al movimiento por la paz mundial.

 

También vale la pena destacar la asistencia de líderes religiosos de las más diversas regiones del planeta, se ven turbantes multicolores, túnicas, cruces y otros símbolos, y es siempre aleccionador el ver a todos ellos congregados y conversando, lo que prueba que el diálogo, aún en las más difíciles circunstancias, si es posible.

 

Hacerlo además, en un país como Corea, que vive en el día a día la dureza de la división, con la otra Corea, la del Norte, amenazando de tanto en tanto no solo las fronteras, sino la paz mundial, ante la sospecha de la posesión de armas nucleares, es verdaderamente valioso y nos indica que la esperanza siempre está presente.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.