SOBRE LAS HERENCIAS

El Tiempo

2 de junio de 2015

 

Toda persona quiere legar lo que posee a sus descendientes, es como una ley de la vida, incluso en las más antiguas civilizaciones se establece esto como una costumbre inveterada, a pesar de que algunas posesiones se las colocaba en la tumba de la persona fallecida; lo otro, la casa, por ejemplo, servían para que la familia continuara sus actividades y partiera con alguna base a esa vida que les esperaba en frente.

El Estado se ha encargado de regular los legados y donaciones, estableciendo formas de hacerlo, a quien corresponda, para evitar, en lo posible, la conflictividad entre los descendientes, de tal manera que hubiera una equidad en esa división; al contrario de un sistema de mayorazgos que privilegiaba a los primogénitos, dejando desguarnecidos a los menores, con la idea de no desmembrar los territorios o las casas de vivienda.

Conforme ha pasado el tiempo, las regulaciones se han hecho más frecuentes, se han establecido inclusive impuestos a la herencia, que, de alguna manera, desvirtúan el sentido primero, y que establecen una especie de doble tributación, ya que en su origen, los bienes ya pagaron tasas impositivas y vuelven a hacerlo cuando se las recibe en las calidades mencionadas.

Los montos de impuestos han variado, pero ahora se quieren establecer, en el caso ecuatoriano, una serie de impuestos escalonados, que van a volver leonina la parte del estado, frente a lo que reciben los herederos. Conforme la herencia es mayor, los impuestos son mayores.

Esto, que pretende ser parte de una política de equilibrio en la distribución de los bienes, y que pretende pulir las asimetrías, en el fondo lo que hará es desincentivar el ahorro, una práctica que ha sido beneficiosa para los países, así como también multiplicará las formas de evasión.

Se heredan los genes, padre y madre se juntan, y genéticamente somos el fruto de una herencia acumulada, ¿se irá a cuestionar también esto?

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.