SIETE KILÓMETROS

El Tiempo

3 de diciembre de 2013

 

Los motivos de desacuerdo, las luchas y hasta el comienzo de las guerras, suelen ser a veces situaciones que aparecen nimias cuando las vemos desde fuera, pero que revisten complejidades y razones que se perciben desde el interior de los países.
 
En la actualidad, una temática viene llamando la atención y concitando algún tipo de acciones por parte de actores claves y estratégicos dentro de la geopolítica mundial, se trata de movimientos en torno a unos pequeños islotes ubicados en el mar de la China Oriental, y que abarcan aproximadamente siete kilómetros cuadrados.
 
Dichos islotes reciben el nombre de Senkaku por parte de los japoneses y Diaoyu por parte de los chinos, y son administrados por Japón; son reclamados tanto por el Japón como por la China, y aparecen como una piedra de discordia en las relaciones entre las potencias asiáticas.
 
En los últimos días, aviones de los Estados Unidos, Japón, China, Korea del Sur, han sobrevolado el área; no se trata solo de aviones comerciales, sino de cazas, de bombarderos, que crean un clima de beligerancia, muy peligroso para la paz mundial.
 
La verdad es que, detrás de algo que puede parecer insignificante, esos siete kilómetros cuadrados que constituyen los islotes en cuestión, están de por medio una serie de tensiones que se han acumulado en los años e inclusive décadas anteriores y que demuestran la fragilidad sobre la que descansa esta especie de orden mundial en el que vivimos después de la segunda guerra mundial.
 
No he profundizado en las razones geográficas e históricas sobre la zona del conflicto, pero estoy convencida de que los diálogos sirven siempre mejor que cualquier situación de hecho, y que es necesario agotarlos antes de tomar iniciativas que pueden causar dolor y muerte a muchos.
 
Si bien son importantes las razones que esgrimen los países respecto de su soberanía, también debe prevalecer en sus acciones, la preocupación por el equilibrio y la paz.

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.