SIEMPRE LAS MALAS

La Hora

24 de enero de 2013

 

Me refiero a las malas noticias, aquella que infestan los noticieros del mundo entero, con las que nos desayunamos y también vamos a la cama, a dormir, luego de la jornada de trabajo.

 

Si solo pasamos revista a lo ocurrido en los últimos días, vemos como las malas noticias proliferan en el mundo entero. Así la tragedia en la discoteca brasileña, matando a más de 200 jóvenes. La revueltas en Egipto, el tobogán de las maniobras y contramaniobras en Afganistán, el surgimiento de un más sanguinario líder del Al Kaeda.

 

Y aquí en nuestro país, las malas noticias empiezan también temprano: La catástrofe de los accidentes de tránsito, la captura de una avioneta llega de droga,  las injurias que se cruzan algunos de los candidatos en plena recta final hacia el día de las votaciones en las que se dirimirá el cargo del Presidente y Vicepresidente de la república, así como la de Asambleístas nacionales y locales, y parlamentarios andinos.

 

Cuando vemos las fotos de los niños sufriendo las consecuencias de las guerras, que ellos no han creado, sabemos que los tiempos siguen complejizándose, más aún ahora en la que lo digital  aparece más real que la realidad verdadera, como dirían los antiguos.En medio de esa baraunda  hay que hurgar para descubrir las cosas buenas que todavía tiene la vida: la posibilidad de contemplar un cielo estrellado  en medio de un campo en el que impera el silencio, la de escuchar los balbuceos de la nieta que se quiere con toda el alma, los gestos de compañerismo que suelen hasta salvar vida, así como  las miradas amorosas de las parejas que han permanecido muchos años juntas, en las buenas y en las malas.

 

La evidencia de que también hay cosas buenas, nos pone en actitud positiva, proactiva, con deseos de hacer cosas y extender esa visión a muchas personas que están en la búsqueda de lo espiritual.

 

Abrir los ojos para contemplar la miseria humana,  no nos inhibe de conocer las buenas cosas de la vida, todo lo contrario, nos sirve para contrastar y para ejemplificar, pero sobre todo para no repetir los errores del pasado, que tanto dolor le han costado a la humanidad.En el mundo en el que vivimos, los regionalismos abonan a defender cada uno lo propio como si fueran dueños de la verdad absoluta, sin comprender que la verdad absoluta no existe, que lo relativo es el parámetro más común para medirnos y también para vivir una vida más acorde con lo que es la condición humana.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.