REFLEXIONES DE SEMANA SANTA

La Hora

4 de abril de 2012

Una de las más importantes celebraciones del mundo cristiano es la que tiene que ver con la pasión y muerte de Jesucristo, acompañadas con la resurrección de su cuerpo, lo que entraña una enorme simbología por la concepción de la Vida Eterna.

 

Pero al margen de estas consideraciones de carácter religioso, la verdad es que este tiempo podría constituirse en uno dedicado a la reflexión personal y a la que en conjunto podemos hacer como nación, como país en medio del conglomerado mundial.

 

Esta primera década del siglo XXI, nos deja una serie de situaciones pendientes que tienden a agravarse en lugar de superarse, situaciones que tienen que ver con la división marcada entre ecuatorianos, con divisiones que aparecen como irreconciliables, con beligerancia en el lenguaje y en la acción.

 

Esto, de alguna manera desemboca en el incremento de la inseguridad ciudadana, con índices de delincuencia no vistos en el pasado, delincuencia que va desde los comunes asaltos callejeros, el sicariato en el que se involucran hasta menores de edad, el tráfico de drogas, que ha llegado hasta a empañar la imagen internacional del país y otros delitos que realmente ponen en un nivel preocupante la seguridad de los ecuatorianos y de quienes nos visitan.

 

Por otro lado, vemos que, pese al discurso, se va consolidando un estado centralista, con poca capacidad de acción para los gobiernos seccionales, las universidades, las instituciones que deben velar por el día a día de los ciudadanos y que ahora, sobre todo por la política financiera tienen que recurrir más y más al estado central.

 

También vemos como poco a poco van instalándose prohibiciones que aparecen como contradictorias con otras leyes permisivas, así, por ejemplo se prohíben los casinos y los toros por un lado, y por otro se tiene tolerancia con las mulas del narcotráfico o con la portabilidad de las drogas para los consumidores. Se prohíbe portar armas a los ciudadanos, pero se dota de armas a los ganaderos para el control del abigeato.

 

Se habla de la excelencia del manejo público y se trata de estatizar los servicios de salud, pero por otro lado se concesionan los servicios de limpieza y lavado de ropa en los hospitales.

 

Parece que el Ecuador vive en una constante paradoja, con modelos entrecruzados que causan desconcierto y que no están apuntando a la consolidación de un Estado postbananero como se establece en el discurso oficial.

 

Las reflexiones personales nos corresponden a cada uno de nosotros, pero en lo colectivo tenemos la obligación de hacerlas para ayudar a construir un futuro mejor.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.