He sido profesora de historia, por largos años, y siempre decía a mis alumnas, cuando empezábamos las clases de historia universal o ecuatoriana, que la historia ha sido escrita por hombres, eso explica porqué no aparecen tantas como deberían, en los más importantes capítulos de la historia. Pero si uno es cuidadoso, y empieza a escarbar y hurgar un poco más, encuentra allí a las mujeres, en los puestos de avanzada, si no esgrimiendo las armas en las guerras, si apoyando y alentando, alimentando, confeccionando ropas, transmitiendo mensajes, y en no pocas ocasiones, empuñando las armas cuando los hombres flaqueaban, demostrando su coraje en muy diversas maneras, o, por el contrario, estimulando para encontrar la paz, para firmar los acuerdos, para encontrar las soluciones.

 

Así, mujeres valientes y aguerridas, las encontramos por todo lado, en cada momento. El porqué de este preámbulo, a un artículo que pretende ser actual y hablar o comentar sobre lo que acontece en nuestro país, viene dado, por la contemplación, durante varios días de lo que ocurre en los noticieros, en los espacios dedicados a la comunidad, en los medios de comunicación audiovisuales, y también en los radiales, y claro, por supuesto, en los escritos.

 

Es que sigo encontrando mujeres, algunas sin declinar, dejando testimonio como María Fernanda Restrepo, que aún no para de llorar a sus hermanos, algunas valientes, defendiendo a sus hombres, a sus maridos, luchando contra la injusticia, sacando a relucir no solamente sus lágrimas, sino sus argumentos, así, me refiero a la esposa del coronel César Carrión, la señora Jeaneth Orbe, quien, con entereza, defiende los derechos de su esposo y de su familia. Ahora vemos a otra mujer, la del soldado que confiesa haber retirado la máscara antigases al jefe de estado, el 30 de septiembre de 2010, quien espera magnanimidad y justicia.

 

En fin, son solo  estos casos los que ahora menciono, pero suficientes para ilustrar el accionar de las mujeres, su rol protagónico cuando sienten que su mundo peligra, cuando se trata de defender lo que les es propio.

 

Y hay tantas y tantas, las mujeres que luchan por la vida de sus hijos en forma de agua, de pan, allá en la atribulada Somalia, las que restañan las heridas de los pueblos hermanos enfrentados en Sudán, las mujeres que están desde tempranas horas de la mañana buscando los mejores precios en los mercados, o vendiendo ellas mismas como una forma de mantener a flote a sus familias, y las profesionales con doble, triple jornada, corriendo desde sus puestos de ejecutivas para llegar a tiempo a la hora de alimentar a sus hijos, para cumplir con la tarea de amamantarlos, de cuidarlos.

 

Si, somos valientes las mujeres. No será ya hora de que las mujeres trabajemos juntas, que luchemos de frente por futuros mejores? Y no solo en el Ecuador, en el mundo, cada vez más caótico, más necesitado de valores que vayan más allá de lo declarativo y de lo lírico...

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

QUÉ VALIENTES MUJERES!

La Hora

9 de noviembre de 2011