PRESERVAR LA IMPARCIALIDAD

El Tiempo

22 de marzo de 2011

Una de las características que tiene que preservarse en las democracias, es la credibilidad en sus organismos electorales, la fé pública en que los procesos sean impecables y que los resultados no sean objeto de ninguna manipulación; de lo contrario, se pone en juego el ser mismo de la democracia y se transforman en una farsa las consultas al pueblo, sea para elegir a sus autoridades o para preguntarle a la ciudadanía sobre determinadas medidas, leyes o cambios que se quieren introducir.

A lo largo de la historia del Ecuador, son varios los momentos en los que las dudas han recaído sobre la limpieza de los comicios, lo que ha repercutido en la falta de legitimidad de lo actuado.

 

En las actuales circunstancias, en las que se quiere hacer gala de la implementación de sistemas de democracia directa, con frecuentes consultas al pueblo sobre diferentes aspectos, parecería que debería acentuarse la preocupación respecto de la absoluta independencia de los organismos electorales, de su transparencia y de la limpieza de sus procedimientos.

 

Por ello, no puede pensarse en que los miembros de los órganos electorales, tengan cercanía con el ejecutivo o aparezcan dóciles frente a sus demandas.

 

La actual situación que vive el país y la salud del régimen, dependen en buena parte de que se preserve la independencia y transparencia.

 

Las preguntas calificadas para la consulta popular, con una estrambótica mezcla entre gallos, casinos, toros y reformas a la constitución, con un ingrediente que ya a ha sido criticado como es lo que tiene que ver con la justicia y cómo a través de la consulta se quitaría independencia a la función judicial, volviéndola una dependencia del ejecutivo, así como el intento por controlar los medios de comunicación, acabar con las libertades individuales, y  presumir la culpabilidad de los ciudadanos y obligarlos a probar inocencia, son otros tantos elementos que inquietan a la ciudadanía, a los que se suma la preocupación por la falta de controles electorales.

 

En medio de este panorama, se hace indispensable por parte de quienes están en el Consejo Nacional Electoral, no solamente ser independientes, sino parecerlo.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO