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UN PAPA CON SENTIDO COMÚN

El Tiempo

7 de julio de 2015

 

Las primeras declaraciones del Papa Francisco, al pisar tierra ecuatoriana, fueron reveladoras de un conocimiento profundo de los seres humanos y de lo que impacta en el mensaje que quiere que llegue, en este caso, a los miembros de una grey que le espera y que ansía oír sus palabras, un pueblo en su mayoría católico, que no ha vacilado en hacer extensos recorridos y largas esperas, con tal de avistar, aunque sea de lejos, a la cabeza de la iglesia.

La llegada al aeropuerto de Quito, con la presencia de los niños vestidos con trajes de las diferentes etnias ecuatorianas, con la música de la Orquesta Sinfónica Juvenil del Ecuador, inclusive con el viento travieso que se llevó su blanco solideo, estuvo llena de emotividad; lo que en verdad no estuvo a tono, fue el discurso del primer mandatario, quien lo hizo desde un punto de vista político y además fue muy largo, ya que obligó al Pontífice a mantenerse de pié luego del viaje agotador desde Europa.

La intervención del Papa Francisco, dejó ver su sentido del humor, la atención prestada a las palabras del Presidente, ya que tomó parte de ellas para improvisar pasajes de su réplica, fue efectivamente un pastor diciendo su mensaje a los creyentes, pero también al pueblo de Ecuador y de América Latina.

Algo que también vale destacar en sus palabras y que ha sido ya mencionado en varias oportunidades, y puede prestarse a variadas interpretaciones, es aquello de exponer el compromiso de la Iglesia "para servir a este pueblo de ecuatorianos que se ha puesto de pie con dignidad", de un pueblo, que en los días previos a la llegada del Pontífice, se manifestó en las calles para expresar su desacuerdo con una forma de gobernar, con un estilo que hace pensar en el orgullo y la soberbia del poder más que en las atribuciones de un gobernante democrático.

La perspicacia de un Pastor que conoce la idiosincracia del pueblo latinoamericano, porque sale de él, porque habla su lengua, porque conoce la realidad de su continente, es algo que no puede dejarse de lado, que indudablemente inside en su manera de pensar y de expresarse, pero también en la tónica del mensaje que quiere que llegue, no solamente a unos pocos, sino a todos.

Ojalá las palabras del Romano Pontífice calen profundamente en los oídos de nuestro gobernante y de su entorno, de quienes lo aconsejan y de quienes saben que su voz será escuchada, esperemos que después de la visita papal, haya un clima de mayor armonía, de entendimiento, de capacidad de diálogo, que quiere decir no solamente hablar, sino también escuchar.


 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

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