PALMIRA

La Hora

27 de mayo de 2015

 

Palmira es uno de aquello lugares que antes fueron vibrantes centros de cultura, cruce de caravanas en la ruta de la seda, espacios en los que florecieron religiones, civilizaciones, y que ahora son objeto de sitio, de asedio, de conquista, de saqueo, de asesinato, lo que nos dice que la historia de la humanidad vuelve a repetir sus errores y que los desastres de la guerra nos esperan a la vuelta de la esquina, como que el ser humano recién apareciera sobre la faz de la tierra y diera total rienda suelta a sus apetitos y pasiones.

Las conquistas de la ley, del derecho, el avance de la vida civilizada, los grandes alcances fruto de la mente de los hombres y mujeres a través de la ciencia, la creatividad, la inventida, la tecnología, son destruídos en segundos.

Cuando vemos a los barbados hombres del Estado Islámico, empuñando palos y azadas, no para construir o arar los campos, sino para emprender agresiones contra los monumentos, los templos y, peor aún, para asesinar, para decapitar, para secuestrar, para quemar, para destruir, parecería que estos son episodios de viejas películas de guerras fratricidas, pero que no pueden estar ocurriendo en nuestro mundo.

Qué justificación puede tener todo lo que está pasando? Cómo encontrarle sentido al asesinato de las mujeres, de los niños, de los ancianos?. Cómo pensar en la razón de la aplicación de la ley de la Sharia, un cógido de conducta que fue creado para siglos y hasta milenios anteriores y que coloca a la mujer en un estado de sumisión total, sin derecho a la educación, al libre albedrío, con leyes que norman hasta los más nímios detalles de la vida cuotidiana?

Qué rol juega la Organización de las Naciones Unidas? Cómo construir un nuevo orden mundial en el que no ocurran los crímenes y desatinos que describimos? Tal vez la única salida es abandonar esos apetitos salvajes que ponen siempre a los hombres en condición de rivales y que hacen que a la hora de la verdad sean los apetitos salvajes los que primen.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.