El Ecuador se ha quedado sin el tratado de preferencias arancelarias con los Estados Unidos. Es algo que ya se veía venir pero que indudablemente golpea a la economía de los ecuatorianos.

 

El comentado ATPDEA, como se le conoce a este tratado, era algo que venía beneficiando a los países andinos, como una especie de compensación por la lucha de estos países en contra del narcotráfico; siempre se entendieron estas preferencias como algo temporal, por lo que había que buscar, paralelamente, otro tipo de acuerdo, que permitiera el que nuestros productos pudieran entrar al gran mercado norteamericano, sin el pago de aranceles.

 

Nuestros vecinos han concluido procesos, como es el caso del Perú, o están en camino de hacerlo, tal es el caso de Colombia. Por más que desde las instancias gubernamentales se quiera hacer ver lo contrario, todavía los Estados Unidos son nuestro principal socio comercial, y hacia allá van buena parte de nuestras exportaciones, lo que ha permitido que sectores como el florícola y otros progresen.

 

Son alrededor de 5.000 partidas que se exportan con preferencias arancelarias, por lo tanto serán otras tantas las que se queden fuera de este tratamiento, lo que indudablemente repercutirá negativamente en el aparato productivo ecuatoriano.

 

Se han abierto unas líneas de crédito para pagar los aranceles a los exportadores, pero esta no deja de ser una solución parche para un problema que, si se mantiene, seguramente generará desempleo y recesión.

 

Lo lógico habría sido aprovechar todo este tiempo en el que el país ha disfrutado del ATPDEA, para buscar otros mecanismos y acuerdos que beneficien a estos sectores y por ende al país.

 

Existe resistencia a los Tratados de Libre Comercio, que, en verdad, si no se negocian de forma adecuada, pueden resultar perjudiciales para las economías de países como el nuestro, pero una buena negociación, oportuna, mirando el beneficio colectivo y no solo el de unos pocos, puede ser altamente positiva en la economía nacional.

 

En fin, otro tren que se nos va y al que no conseguiremos subirnos, así, el futuro no se presenta nada halagüeño.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

OTRO TREN QUE SE NOS VA....

La Hora

23 de febrero de 2011