OIR A LOS QUE CAMINAN

La Hora

26 de junio de 2014

 

De tanto en tanto, y no solo durante este gobierno, los movimientos sociales, sobre todo indígenas, a veces de la sierra y otras desde la región amazónica, deciden salir en marchas, en caminatas largas, en aquellas que comienzan con unos pocos, pero que van reclutando gente, engrosando las hileras que recorren los caminos, como serpiente que engorda cuanto más lejos va.
 
Y son los caminantes los mismos que, dejando trabajos y familias, marchan por lo que creen, por lo que anhelan, por sus principios, por sus razones.
 
Puede ser que algunas veces no compartamos esas razones, pueda que otras sintamos que la reacción es demasiado grande, pero siempre debemos pensar que al pueblo hay que oír, que deben escucharse sus razones, saber porqué se movilizan, cuáles son sus móviles, tanto los que aparecen a simple vista como también los profundos, los que vienen del alma.
 
No es tan fácil dejarlo todo y empezar a caminar, hay que superar miedos, hay que enfrentar desafíos, hay que plantearse retos.
 
Y son los indígenas los que primariamente marchan, muchos lo hacen con sus familias. Y son hombres y mujeres los que arriman el hombro y salen como en minga para decir de sus sueños, de sus derechos, de sus ansias de ser parte.
 
Ahora el motivo es el agua, el líquido vital, el que riega sus campos, el que calma su sed, el que limpia y restaña las heridas, el que lava sus ropas, el que beben sus ganados, esa agua que cae del cielo y se empoza, la que engrosa riachuelos, la que forma los ríos, la que baja hacia el mar.
 
Son los indios, sus dirigentes, los que caminan, los que sienten más cerca esos temas de todos, los que arriesgan la vida, los que caminan por otros, tal vez, si, por todos los que no caminamos...

  

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.