A la luz de los acontecimientos judiciales que hemos vivido la semana pasada, se impone una reflexión sobre la ingerencia del poder del ejecutivo sobre la administración de justicia, pero también el pensar en el futuro de la nación.

 

El Ecuador, pese a sus innúmeros vaivenes políticos y asimetrías económicas y sociales, ha sido un país en el que las libertades han vivido una genuina expresión, y en el que la gente no ha tenido miedo de expresarse en la calle -la caída de algunos gobiernos legalmente constituidos ha sido una demostración de ello-, y tampoco ha experimentado temor de expresar su opinión, aún a riesgo de que ésta sea equivocada o no vaya a tono con la mayoría.

 

La exorbitante condena a los directivos y editorialista de diario El Universo, es una clara demostración, no solo por el monto de cuarenta millones de dólares, cifra sin precedentes en el país, sino por la impensable e impropia celeridad en la lectura de los documentos, en la redacción de una larga sentencia, así como el apresuramiento con que se la dicta, hacen por lo menos sospechar que la todopoderosa presencia del demandante ha obrado estos milagros, impensables en una justicia como la ecuatoriana, que siempre ha sido acusada de lenta y tardía.

 

Este análisis nos lleva a concluir que la justicia en el Ecuador no es ni actúa en forma neutral, que los fallos son influenciados desde la esfera del poder, lo que nos lleva también a pensar que habrá un antes y un después de esta sentencia, y ese después no puede menos que producirnos escalofríos, sobre todo en quienes hemos valorado la libertad de expresión por encima de otras libertades.

 

El futuro aparece nada halagüeño, si pensamos en el temor que editorialistas, de articulistas, medios de comunicación, gente que hace opinión, va a tener en el futuro, sabiéndose expuestos al largo brazo de la justicia dirigida desde el ejecutivo, y en la capacidad de punir que adquiere un gobierno, fruto de lo que hemos denominado como una dictadura plebiscitaria, sabiéndose que las letras, las palabras, las frases, van a ser examinadas con lupa por parte de los inquisidores de palacio.

 

Mal futuro es el que le espera a un país en donde la gente no puede expresarse con libertad y en el que el temor impera.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

NO SOLO LA SENTENCIA ES DESPROPORCIONADA

La Hora

28 de julio de 2011