NO DEJEMOS QUE LA VIOLENCIA NOS DESBORDE

El Tiempo

25 de septiembre de 2012

 

Es lastimoso escribir con tanta frecuencia sobre temas como el que abordaré el día de hoy. Querríamos hacerlo solo sobre las bondades de nuestro país, sus múltiples atractivos turísticos, su biodiversidad, las maravillas que encierran sus ciudades coloniales, en fin, tantos temas que tocan fibras agradables de los sentimientos; pero, la realidad nos impacta con sucesivos acontecimientos que no son precisamente de esta naturaleza.

 

La abrupta salida del noticiario de Teleamazonas  por parte de la periodista Janeth Hinostroza, la denuncia que ella hace respecto de amenazas en contra de su integridad física y probablemente de su familia, luego de determinadas investigaciones que arrojan unos primeros posibles implicados, ameritan más que solo solidaridad con la víctima, que en esta oportunidad es una periodista destacada de un medio masivo de comunicación,  merecen que se arbitre una sólida investigación, por parte de las autoridades pertinentes, tanto de los temas denunciados por la periodista, como también acerca de las amenazas que sobre ella penden.

 

La necesidad de esclarecer los hechos, debe estar presente en la mente de las autoridades pertinentes, llámense Fiscalía, Defensoría Pública, Ministerio del Interior, o cualquier otra instancia que crea su deber intervenir en esta situación. Si se dejan pasar por alto situaciones como las descritas, las tareas periodísticas de investigación, van a dejar de ser posibles, y el país entero sufrirá por ello, terribles consecuencias. Las que se derivan del imperio de las amenazas, de la intimidación, del paso de la violencia verbal a la psicológica, a la física, y llegaremos a los extremos que observamos en otros países hermanos como Colombia y ahora México, países en los que la vida de las personas, su seguridad, ha sido seriamente afectada.

 

Sin embargo de lo dicho, Colombia ha gozado casi permanentemente de una Justicia que ha hecho valer el ejercicio de sus potestades en su territorio, con juicios muy sonados, lo que ha hecho que en el país, de una u otra manera, la seguridad jurídica no se haya visto afectada al extremo de la seguridad física de sus habitantes, lo que inclusive la ha hecho atractiva para la inversión económica nacional y extranjera.

 

No dejemos que la violencia nos desborde, no lo podemos permitir como país y como sociedad. La tarea fundamental está en manos de las autoridades, pero también cada uno de nosotros debemos hacer nuestra parte si queremos vivir en un medio en el que no tengamos miedo de que nuestros hijos o nuestros nietos salgan a la calle, o desarrollen sus actividades cotidianas.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.