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UN MUNDO LOCO Y FANATIZADO

La Hora

15 de enero de 2015

 

Nos hemos gastado ya los primeros catorce años del segundo milenio, del sigo XXI, que con tantas expectativas veíamos llegar. Y contrariamente a lo que cabía esperar, nos encontramos en un mundo más fanatizado, más sectario, más intolerante que lo que teníamos en las décadas pasadas.

Parecería que se reactivan las diferencias y que cada cual quiere imponer su criterio, aún por la fuerza o cometiendo actos tan censurables como lo ocurrido recientemente en el ataque de fanáticos y radicales islamistas contra una revista satírira francesa de gran trayectoria. Charlie Hebdo se había caracterizado por su humor satírico, por una forma de mostrar la libertad de pensamiento y de acción en una sociedad como la francesa, considerada como la madre de los pensamientos liberales, en donde se revolucionó al mundo con los dictados de libertad, igualdad y fraternidad que darían lugar a la declaración universal de los Derechos Humanos acordada por las Naciones Unidas.

La muerte de los periodistas, de los caricaturistas y dibujantes, pone de relieve los peligros de la fanatización, lo que aparece como una constante en nuestros días, con ataques a quienes no piensan igual y no practican una religión que ha sido interpretada de diversas maneras, pero en la que ciertamentente la condición de las mujeres aparece con una gran inferioridad, no solamente por el uso de vestimentas que ocultan su fisonomía, sino sobre todo por el impedimento que en muchos países y sociedades que abrazan esta religión, se establece para el acceso a la educación para el sector femenino de la población.

Otro tema que aparece como muy preocupante en lo relacionado con esto, es la falta de procesos de integración entre los diferentes grupos étnicos y religiosos en las sociedades modernas. Los países europeos no han construído sistemas que apunten hacia esa integración, lo que causa rabia, angustia, inconformidad entre quienes han llegado a los países en los que empiezan a hacer su vida,  pero también disgusto y rechazo por parte de las sociedades que reciben a los migrantes.

El tema religioso es cada vez más el detonante de conflictos, cuando debería ser el mayor espacio de tolerancia. Rechazamos el ataque a la revista francesa y apelamos al imperio de la razón sobre los fundamentalismos.


 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

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