EL MISTERIO DE LOS HUESOS...

La Hora

27 de abril de 2014

 

El año pasado, durante una corta visita a Madrid, por esas cosas de la casualidad, fuimos a dar con una amiga española, en el convento de las Trinitarias, donde se rumoran que reposan los restos del más grande escritor de lengua castellana, don Miguel de Cervantes Saavedra, autor del clásico de la literatura el Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha.

 

Me parecía inverosímil que un autor de la relevancia de Cervantes no tuviera una tumba o mausoleo, que seguramente recibiría infinidad de visitantes, y que solo se insinuara que estaba enterrado, junto a su esposa en algún lugar del convento de las Trinitarias, sin signos exteriores que lo revelaran.

 

Recorrimos la iglesia, y solo por deducción pensamos que la historia de que allí reposaban sus restos era verdadera.

 

Hoy, y para confirmar aquella inquietud, casi a los 400 años de la muerte de Cervantes, casualmente, se vuelve a encender la polémica y la búsqueda de los restos del extraordinario escritor, y son científicos quienes están detrás de la pista. Serán los rayos infrarrojos los que indaguen en los suelos y paredes del convento, para dar con los restos, en una especie de tarea de ciencia ficción que muy bien pueden dar como paso al inicio de un argumento de novela, que tal vez hubiera satisfecho al propio escritor.

 

Por supuesto que recién empieza el trabajo técnico de recuperar los huesos del gran Cervantes y de su esposa, habrá luego que certificarlo bajo exámenes rigurosos, que de alguna forma resolverán el misterio que encerró siempre el lugar en el que había sido enterrado el escritor.

 

Son esas situaciones que levantan expectativa, tratándose como se trata, de develar un misterio tanto tiempo guardado y que nos dice una vez más que todos los temas relativos a Cervantes son relevantes, interesan, captan atención.

 

Lo interesante sería volver a las fuentes y releer a Cervantes, el autor que no ha perdido actualidad y cuyos personajes alcanzaron la inmortalidad.

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.