El mundo actual, más que ningún otro, se mueve  en base a las relaciones que se instauran entre los países, y dentro de la política internacional, por supuesto que se priorizan unas en relación a otras.

 

Para nadie es un secreto que en nuestra América Latina está uno de los países cuya economía e influencia van más allá de los límites continentales y aparece como una de las economías más expectantes, con índices sostenidos de crecimiento y con una pro actividad para verse inmersa en las decisiones que el mundo tome, respecto a los más diversos temas. Nos referimos evidentemente al Brasil, a ese gigante, que es mirado por los ojos del mundo como uno de los países, no solamente perteneciente al llamado grupo BRIC -Brasil, Rusia, India y China- sino también como integrante del grupo de países más poderosos de la tierra.

 

Hace unos pocos días, en el Brasil se produjo un cambio de gobierno, con la presencia, por primera vez, de una mujer liderando el país más grande de la América Latina. Al cambio de mando concurrieron buena parte de los mandatarios de los países americanos. La sorpresa estuvo en la no concurrencia del presidente ecuatoriano, que si se ha empeñado en asistir infaltablemente a los otros cambios de gobierno en los países del continente.

 

La influencia del Brasil es grande y creciente. El Ecuador es el único país Amazónico que no tiene límites con este gigante, lo que ya significa una desventaja a la hora de las relaciones comerciales o de otra índole. Esa desventaja debe ser superada con otro tipo de acciones que lo acerquen y estrechen relaciones.

 

Por ello nos sorprende la inasistencia presidencial a dicho evento, cuando sabemos que las economías son interdependientes, y que el Ecuador tiene que buscar mercados alternativos a sus productos, sobre todo ahora que quiere marcar distancias con nuestro tradicional socio comercial, Los Estados Unidos. En este sentido  y precisamente haciendo gala de una intensificación de la política y el relacionamiento sur-sur,  vemos como las otras economías latinoamericanas empiezan a girar en torno al desarrollo brasileño.

 

Parecería entonces una extraña miopía la inasistencia al importante acto, que no tiene justificación y que representa un traspié en la política de acercamiento a los otros países latinoamericanos.

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

DILMA Y EL RUIDO...

La Hora

20 de enero de 2011