En estos últimos días, el mundo, sobre todo el latinoamericano, ha venido siguiendo con interés el curso de las reuniones políticas en Cuba, cuando los jerarcas del partido comunista cubano han tratado de marcar un relevo y unas ciertas pautas nuevas para lo que será el futuro de la Isla.

 

Al margen de las consideraciones de orden ideológico y político, y de la preeminencia de los hermanos Castro en dichos cónclaves, lo que si vale la pena resaltar es que, hay una fuerte tendencia en Cuba a acortar el tamaño del estado, dejando fuera a miles de ciudadanos que dependían exclusivamente de los recursos provenientes del estado, y que ahora ven como se liberaliza la economía y se estimula el emprendedurismo privado, con oportunidad para los cubanos de abrir pequeños negocios, de buscar espacios para trabajar en locales que no son del gobierno, de recuperar para la agricultura las tierras que el gobierno había dejado agostar.

 

De igual manera, se habla de la necesidad de ir cambiando y abriendo el modelo económico, en el sentido de que se puedan generar bienes y tener acceso a los ansiados dólares que representan bienestar para una población que se ha desenvuelto por décadas con una austeridad impresionante, pero que al mismo tiempo se ha demostrado que el estado, como administrador de todo, es un estado fallido, que no logra bienestar ni felicidad para sus habitantes.

 

Mientras eso pasa en La Habana, es otra la realidad que se vive en los países signados por el llamado socialismo del siglo XXI, en los que la obesidad del estado y de los organismos gubernamentales es evidente, en que se está haciendo todo lo posible por que se generen más y más empleos gubernamentales y se deja de lado la iniciativa privada, porque se ponen tales trabas al trabajo de los emprendedores sea vía impositiva, sea por un ambiente poco propicio para su crecimiento, que cada vez es más desestimulante el pertenecer al sector privado de la economía.

 

Mientras La Habana está intentando tender puentes hacia economías más desarrolladas, incluida la  Norteamericana, de la cual increíblemente dependen tanto, a partir de las remesas que los cubanos en el exilio envían a sus familiares; en el caso ecuatoriano y de otros de los países integrantes del Alba, la situación con varios de aquellos de los países con los que económicamente hemos tenido lazos muy estrechos, ahora se intenta romper, por múltiples razones y perdemos tanto competitividad como un buen relacionamiento.

 

Así están las cosas, parece que nos empeñamos en marchar contracorriente, sin importar el costo que esto signifique para el futuro de nuestro país.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

MIENTRAS EN LA HABANA.....

La Hora

20 de abril de 2011