MARIPOSAS AMARILLAS...

El Tiempo

21 de abril de 2014

Seguro que todos quienes hemos leído las obras del gran colombiano Gabriel García Márquez, estamos familiarizados con sus personajes, que se vuelven inolvidables gracias a la magia de las palabras utilizadas por su autor para describirlos, para caracterizarlos. Parecería que son parte inclusive de nuestra realidad, aunque ésta sea una realidad mágica como el género que se regó por toda la América Latina y que impactó en latitudes lejanas, creando una especie de escuela de la que es imposible desprenderse, ya que forma parte del ser de nuestros países en los que todos hemos identificado algún Macondo.

 

El Gabo, el escritor y periodista que parecía un personaje sacado de sus propios libros, no está ya más, se fue luego de una dura batalla contra la enfermedad que finalmente se lo llevó.

 

Polémico, invariable en sus convicciones, tuvo amigos y otros con quienes lo separaron las diferencias, algunas irreconciliables como la que mantuvo con su otrora amigo, el también nobel, el peruano Mario Vargas Llosa.

 

Ahora que el extraordinario escritor no está más, me emociona imaginarlo lejos, por el cielo y más allá, como dijera en sus poemas otro grande de las letras hispanoamericanas, el gran Darío; es bueno imaginarlo rodeado de las mariposas amarillas que hacían su aparición en las páginas del más importante y simbólico de sus libros, Cien Años de Soledad.

 

Las mariposas lo preceden en su camino, se arremolinan a su alrededor, van dejando una estela de color a su paso, se manifiestan en cada recodo del camino. Ese vapor y velillo amarillo está ahí, como que levantan en vilo al escritor en su camino hacia la eternidad.

 

Mariposas amarilla, querido Gabo. Mariposas amarillas son parte de tu ser, del construido a pulso, un ser del que las palabras son parte consustancial, esa palabras con las que le gustaba jugar y construir sus hermosos libros, en los que hizo el papel del gran contador de historias, del gran tejedor de argumentos y de situaciones.

 

Mariposas amarillas García Márquez, son las que hacen tu camino, las que alfombran el sendero, el que te lleva más alto, hacia la inmortalidad.

 

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO