Madres y Maestras

El Tiempo

9 de abril de 2013

En este mes, en el que hay celebraciones que nos tocan muy de cerca: El aniversario de la fundación de Cuenca, ciudad enclavada en los Andes, dueña de una fisonomía propia, regada por su ríos, cantada por su poetas. También en abril se celebra a los maestros, en recuerdo de ese gran maestro ambateño y universal Juan Montalvo, por ello, quiero, en este comentario, tocar una temática que se va volviendo cada vez más compleja, conforme pasan los tiempos y es la situación de los maestros y maestras ecuatorianas.

 

Se trata de la marcada tendencia a que en los trabajos de profesores tanto de educación básica como del bachillerato, la mayor cantidad de profesores son mujeres, quienes van asumiendo ese rol, como una especie de continuidad natural del que ejercen en la casa, con sus hijos, y que hasta los actuales momentos, les ha permitido adecuar horarios, disfrutar de vacaciones junto con sus hijos, sin descuidar el trabajo al que le dedican también buena parte de su vida.

 

Esa preferencia de las mujeres por las tareas del magisterio, viene de la mano con su rol de madre. Una jornada que permitía horarios compatibles, hacía que el hogar no resintiera las ausencias, así, más o menos a la misma hora en que los hijos salían de clases, las madres-maestras abandonaban las escuelas y colegios para continuar con sus jornadas como guías de sus hijos en las casas.

La exigencia del ministerio de Educación, de hacer que los profesores cumplan las ocho horas diarias reglamentarias, ha roto esta tradición, cuyas consecuencias podrían ser lamentadas a futuro.

 

Hay otro tema que se avizora también complicado, a la hora de acoplar horarios y obligaciones maternales, y es la reciente decisión de que a final de año, los maestros no tengan más allá de quince días de vacación, con lo que otra vez la estructura del hogar sufrirá ajustes que tal vez no vayan en beneficio de los hogares ecuatorianos.

 

En muchos casos, los maestros no tienen un lugar decente para las horas de permanencia en la escuela, pero fuera d su aula, tampoco reúnen los requisitos técnicos y logísticos para hacer las investigaciones que se supone deben realizar.En este sentido, en lugar de avances en la educación, vamos a tener retrocesos.Hasta cuando se proseguirá con una política de novelería tras novelería en la educación del país? Así no se consigue una educación de calidad.

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.