Observando lo que ocurre en la política ecuatoriana, no sé porqué, recordé una parábola bíblica, la del Hijo Pródigo, aquella que relata la situación del hijo aquel que abandona a su padre, que deja su hogar, que despilfarra su patrimonio y que finalmente, sintiéndose desvalido, regresa al hogar, donde es recibido con cariño y hasta con honores por sus padres, que se sienten felices de la recuperación del hijo.

 

Así, a lo largo de estos últimos años, en los que la revolución ciudadana se ha adueñado de las mentes y de los corazones de muchos ecuatorianos, que se rasgaron las vestiduras por defender la aprobación de una Constitución, que en el fondo aparece como bastante centralizadora y concentradora de poder, ahora se dan cuenta que los cantos de sirena fueron eso, vanas ilusiones de las que han despertado a lo largo de los meses, por lo que no es raro ver a quienes se ubicaban a diestra y siniestra del ejecutivo, aparecer ahora como detractores, dejando en claro que algo falló, que algo no cuajó, que el camino del país no va por el rumbo correcto o esperado, que el liderazgo solitario le está perjudicando al país.

 

Este abrir los ojos a una realidad que ya algunos habíamos avizorado desde un inicio, parece que va volviéndose cada vez más frecuente. y va dejando entrever las costuras de un gobierno que no representa las aspiraciones de todos los ecuatorianos.

 

La democracia, como madre generosa, no guarda rencores, abre los brazos para recibir a estos nuevos hijos pródigos, a quienes han reflexionado respecto de variados temas y se han dado cuenta que el camino, por cierto duro y riesgoso, de dejar de lado las mieles de un poder absoluto, es el mejor aporte que le pueden hacer a la patria, en estas horas de congoja.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

LOS HIJOS PRÓDIGOS

La Hora

4 de agosto de 2011