ROSALÍA ARTEAGA SERRANO

 

Cada era trae nuevos desafíos, pero ninguna como ésta en la que se producen cambios trascendentales, y aún, según la teoría Moore, se duplica el conocimiento cada 18 meses, lo que nos provoca una serie de incertidumbres, de desafíos que, si no tenemos una mentalidad abierta, permeable a los cambios, nos puede llevar a cometer desatinos, como los que imperaron durante la “década perdida” de la educación ecuatoriana.

 

Los niños son soñadores y curiosos por naturaleza, de ahí la necesidad de estimular esta curiosidad, de provocar y acicatear la mente investigadora, de darles desafíos, de crear conciencia de este mundo de cambios, en el que, sin embargo, deben permanecer los valores, los conceptos de respeto a los otros seres humanos, en su contexto y circunstancias.

 

Los profesores en conjunto con los padres, son los llamados a introducir a los niños en el mundo de las relaciones, que deben ser equitativas, justas, lo que permite una convivencia pacífica y provechosa para todos los involucrados.

 

Las posibilidades de la ciencia, la tecnología, la innovación, son enormes, por lo que no se puede dejar al margen a los niños y jóvenes, que deben ser animados al uso de las mismas, sin que ello signifique que se coloque en plano de inferioridad las relaciones con los otros seres humanos, para no generar personas abstraídas, sumergidas en su mundo y sin contacto con los cercanos.

 

Los cambios que se producen en la ciencia, en la dinámica de las relaciones, en los temas ambientales, deben ser abordados con mente prospectiva, que tome en cuenta los escenarios para trazar las estrategias y que nuestros niños y jóvenes no se queden a la vera del camino en este mundo que marcha a la velocidad del vértigo.

LOS DESAFÍOS DE LA EDUCACIÓN