LO QUE QUEREMOS LAS  MUJERES

La Hora

7 de marzo de 2013

 

Cada ocho de marzo, cuando en la mayor parte del mundo se celebra el día internacional de la mujer, recordando las luchas que por el ejercicio de nuestros derechos se han dado y se siguen dando, es bueno detenerse a pensar en lo que realmente entrañan estas reivindicaciones y en lo que las mujeres, manteniendo nuestras diferencias y similitudes, deseamos.

 

La maternidad nos ha dado unas condicionantes, que  no pueden jamás ser interpretadas como limitaciones a nuestras capacidades como seres humanos, más bien diría que potencia esas capacidades, no solamente por la maravillosa capacidad creadora de vida, por ser recipientarias de la gestación y maduración de nuestros hijos, sino también porque junto a ella puede apreciarse, por ejemplo, la capacidad de simultaneidad, lo que los americanos llaman el multitasking, lo que constituye evidentemente un plus o una ventaja en el mundo en el que nos desenvolvemos.

 

Así, las mujeres queremos respeto por nuestros trabajos, igualdad de remuneración y de opciones, ser valoradas por nuestras acciones individuales y no recibir caracterizaciones grupales que van en desmedro de la cualificación que eventualmente pueda recibirse, no generalizar los errores que cometen una o unas mujeres a todo el género femenino, así como tampoco debería hacérselo a todo el género masculino simplemente por el error que comete uno de ellos.

 

Son evidentes las diferencias físicas entre hombres y mujeres, hay también diferencias desde el punto de vista psicológico, sin que esto quiera decir que unos u otras son superiores. El respeto a esas diferencias se impone en un mundo en el que todavía la intolerancia podría ser uno de sus razgos caracterizantes.

 

Las mujeres aspiramos a trabajos equitativos tanto dentro como fuera del hogar, a no ser estigmatizadas, a gozar del derecho a la educación, a no ser forzadas a tareas infamantes, a ser valoradas por nuestro aporte a a sociedad, a ser, y esto sobre todo en los países en donde todavía la religión y la política oprimen a las mujeres, respetadas como seres humanos con iguales derechos y libertades.

 

La lista de reivindicaciones es todavía larga, el mundo tiene que seguir trabajando para evitar que en la escala social de muchos países, la mujer siga ocupando los últimos espacios, los más ínfimos lugares precisamente por su condición de mujeres. 

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.