Los otros Jerónimos - 2002

Los infinitos planetas de la diferencia*

Por Rosa Montero.

 

Rosalía Arteaga es una mujer muy especial. Por su biografía, apretada y compleja; por su energía, por su capacidad de trabajo, por su elocuencia. Ha vivido cien existencias, y una de ellas, sin duda una de las más importantes, está basada en su relación con Jerónimo y a través de él, con los otros mundos. Jerónimo era uno de sus hijos. Un niño con síndrome de Down. Murió pronto, como muchos de esos niños mueren.

Rosalía escribió un libro titulado Jerónimo, una obra testimonial en la que intentaba poner palabras a todo lo que había sucedido: el fallecimiento de su hijo, pero también la propia existencia del muchacho, esa realidad distinta que, vista desde afuera, consideramos simplemente anormal y deficitaria. Sin embargo, ella sabía que, a través de su niño, había rozado otra dimensión. Otro planeta. Otra forma de vida. Como decía Paul Elouard, hay otros mundos, pero están en este.

Siempre he pensado que aquellos seres que consideramos subnormales o anómalos son en realidad gente distinta que tal vez carezca de atributos que nosotros, los 2normales”, poseemos, pero que sin duda también poseen virtudes que nosotros no podemos ni siquiera imaginar.

Una sustancialidad especial, una transparencia. No creo en la existencia de los ángeles celestiales, pero si hay en la tierra seres que puedan acercarse de algún modo a la condición angélica son sin duda estas criaturas. Los inocentes.

Aquel primer libro de Arteaga fue un gran éxito: muchas otras personas que estaban en sus mismas circunstancias se sintieron aliviadas, identificadas y sosegadas por la prosa emocionada y sincera de Rosalía.

Ahora ha decidido publicar esta secuela, Los otros Jerónimos, sobre el abigarrado paisaje que su hijo Jerónimo le abrió. Haber sido madre de un niño Down ha hecho que Rosalía conozca mucho más mundo, muchos otros mundos, los ricos e infinitos planetas de la diferencia.

En este libro habla de todo eso: de los otros niños Down, pero también de los que padecen distrofia muscular. De los padres de esos niños distintos. De la vida dolorosa pero también de la deliciosa. Es decir, de la vida sin más. La pura  vida.



Extracto

Tengo a Jerónimo imaginariamente asido a mi mano, no somos sólo madre e hijos, somos hermanos y estamos unidos por vínculos tan fuertes, tan estrechos como el universo y nuestro igual desconocimiento de él.


Estas conmigo y no estás, flotas en algún lado, hay momentos en que siento tu aliento en mi oreja o te contemplo en algún otro Jerónimo que me mira con chispitas de luz en la comisura de los ojos, o te siento en la calma que en algunos momentos me sorprende en medio del tráfago de mis propias insondables limitaciones.



Abril 6 de 1999

Rosalía Arteaga Serrano