LAS LECCIONES DE LAS MARCHAS

El Tiempo

30 de junio de 2015

 

A pesar de la decisión del régimen de dar un compaz de espera en relación a la aprobación de las leyes que tienen relación con la herencia y con la plusvalía, en aras de mantener la calma frente a la inminente llegada del Papa Francisco, la impresión es, luego de realizadas imponentes marchas, con una heterógenea composición en las ciudades de Quito, Guayaquil, Cuenca, San Cristóbal, Machala, Ibarra y tantas otras localidades, que no se confía en las intenciones del gobierno y que la gente ha decidio también mantener una vigilancia sobre el cumplimiento de la especie de tregua en la que nos encontramos.

Una lección es entonces el estado de alerta y de acción continuadas como una forma de protesta ante las autoridades gubernamentales.

Otra lección es la que tiene que ver con la variedad de reclamos que se hacen y que se los advierte en los carteles que se refieren a pensiones jubilares, aportes al IESS, confiscación de los fondos del magisterio, estilo de gobierno, y un largo etcétera que abarca también lo que alguna vez denominamos como la "estética del poder".

Entre esas lecciones está también el que la gente perdió el miedo y sale a las calles a decir sus verdades, a protestar, aún a sabiendas que pueden arriesgarse a reprimendas, a confrontaciones, a detencione; lo hacen poseídos de su verdad y de una dosis enorme de valentía.

Una lección importante se refiere a la importancia de las redes sociales, que son el camino conducente a las autoconvocatorias, que le ponen alas a los piés y una avalancha de información al instante, la que acelera los procesos de conocimiento inmediato de lo que sucede.

Tampoco podemos dejar de lado en esta somera enumeración, a la heterogeneidad de los participantes, ahí están las señoras indignadas, los trabajadores, los maestros, la clase media en suma, pero también los sectores populares que hacen causa común con los otros y que demuestran la unidad de un pueblo que reclama por sus derechos.

 

 

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.