LAS MARÍAS, LAS MANUELAS Y LAS MATÌLDES

La Hora

7 de marzo de 2012

Las celebraciones son para hacer pausas y pensar, para mirar retrospectivamente lo que se ha hecho, reconstruir historias, recordar los nombres de quienes hicieron posible lo que ahora tenemos; en fin, para recordar.

 
En la tarea de celebrar el día internacional de la mujer, yo diría que más que pensar en los nombres de extraordinarias mujeres que lideraron, que tuvieron la posibilidad de luchar por la conquista de derechos, vale en esta oportunidad el pensar en las miles y millones de mujeres que han tenido su parte silenciosa en esta cruzada, en la de conseguir que a las mujeres se nos den las oportunidades de estudiar, de participar, de demostrar nuestras capacidades.
 
Hay tantas mujeres anónimas que con su vida han construido lo que ahora tenemos, en la denominada civilización occidental, que han puesto su pedazo de historia para armar ese gran rompecabezas en el que finalmente se transforman las grandes gestas, las aventuras en las que se va dejando la vida, las aspiraciones y hasta los sueños.
 
Mujeres valientes que en su casa tienen luchas diarias por simplemente vivir, o por permitirse el trabajar, las que cuidan como leonas a sus hijos, las que silenciosamente caminan, las guerreras que no se dejan avasallar en este mundo que dista mucho de ser igualitario todavía, cuando se cree que la ofensa o el insulto son las armas con las que se oprime y se gana.
 
Cada mujer carga su historia a cuestas, como cada ser humano lo hace, pero en el caso de las mujeres, de las amas de casa, de las madres de familia, hay otros ingredientes y connotaciones que vuelven esa carga más pesada, aunque en la mayor parte de los casos invisibilizada por la historia que está acostumbrada a ignorar mucho.
 
Mi homenaje en este ocho de marzo, a todas las mujeres de mi patria y del mundo, a las que avanzan a pesar de todo y muchas veces luchando contra corriente.

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.