LA FUERZA DE LA NATURALEZA

El Tiempo

15 de marzo de 2011

La escalada de terremotos durante los últimos tiempos, con un incremento considerable en su furia, como los casos de Haití, Chile y ahora Japón, nos demuestran que la fuerza de la naturaleza sigue siendo más poderosa que la de los seres humanos, que cuando la furia se desata, sea en forma de movimientos telúricos, de olas gigantescas, de erupciones volcánicas, los hombres parecemos pigmeos y sus consecuciones, aún las más grandes, quedan reducidas a nada.

 

El caso del Japón es aún más dramático, primero por ser un país con un altísimo grado de desarrollo, pero también por haber sido uno de los mejor preparados para eventualidades de este tipo, por su ubicación en una zona de alta peligrosidad, a la que nosotros también nos pertenecemos, el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico.

 

Pero hay otros motivos de inquietud y de zozobra que siguen preocupando no solo al Japón sino al planeta entero, y es el de la amenaza nuclear, el hecho de que varios reactores nucleares hayan sido afectados por el tsunami, y que no hayan podido mantener los niveles de refrigeración que se requieren, nos hacen pensar primero en que el tema de la seguridad en las centrales nucleares sigue ofreciendo muchas vulnerabilidades, y también en que el tema de la provisión de energía mundial depende fundamentalmente en los combustibles fósiles, que, por otro lado, aparecen como los grandes culpables en el llamado calentamiento global, especie de espada de Damocles, que pende sobre el destino del planeta.

 

Seguramente ahora, luego de la emergencia en las centrales nucleares japonesas, vendrá una gran resistencia a continuar con la búsqueda de la energía nuclear como una denominada "energía limpia", como ya lo están demostrando las manifestaciones en Alemania, que se oponen a la política de la canciller Merckel, proclive a la reactivación de las plantas nucleares de ese país.

 

En América Latina, hay ya un incipiente desarrollo en este tema, con centrales en Brasil y Argentina. La situación del Japón, tiene que poner a reflexionar al mundo, si vale la pena correr los riesgos que ahora aparecen como evidentes, pese a todos los cuidados tomados, como es el caso japonés, o será que los seres humanos tenemos que hacer mayores esfuerzos para buscar otro tipo de alternativas como la de la energía solar, la eólica, la geotérmica. Los científicos tienen la última palabra, pero también los gobiernos y los pueblos.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO