LA FE PÚBLICA

El Tiempo

29 de agosto de 2012

 

Hay una inquietante y tenue línea entre lo que los unos y los otros dicen, que nos incita a la duda, a preocuparnos por lo que algún filósofo llamaba "la verdad verdadera", es decir lo que el pueblo llama el "meollo del asunto". Todo esto referido no específicamente a desentrañar el misterio de la alteración de las firmas en el máximo tribunal electoral del país, sino a saber a quién o a quienes, al final del día, va a beneficiar todo el barullo armado en torno.

 

Se pensaría que siempre, el beneficiario ulterior en todo asunto que tenga que ver con la fe pública, debería ser el pueblo, la ciudadanía en general, en temas tan delicados como los que ahora se debaten, pero no estamos seguros de ello.

 

No hay familia en el país en la que alguno de sus miembros no esté reclamando por lo incorrecto de su aparición como adherente a un partido o movimiento político. Esto reviste un tema o trasfondo absolutamente grave, porque se ve efectivamente que todo el proceso de recolección de firmas está viciado, así como la aceptación por parte del Consejo Nacional Electoral.

 

Si esto es así, si no se aclara lo ocurrido y se enmienda lo que deba enmendarse, el proceso en general aparecerá como viciado, y muchos ecuatorianos tendremos serias dudas respecto del desarrollo de la contienda electoral que se avecina.

 

En este sentido, los integrantes del Consejo Nacional Electoral, de manera absolutamente independiente, esto es, sin injerencia de los otros poderes del Estado, de manera transparente, entre tanto al país sobre los hallazgos realizados y las soluciones tomadas, deberán actuar en consecuencia, midiendo con el mismo rasero a todos, sin privilegiar a unos sobre otros, de tal manera que se garantice la limpidez de las elecciones y sus procedimientos previos y no se vea afectada esa especie de entelequia tan delicada y tan vital para la vigencia de la democracia, como es la Fe Pública.

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.