Gracias a la realización de Foros con la Juventud, tenemos la oportunidad de estar en permanente contacto con los estudiantes, especialmente de los últimos años del bachillerato.

 

Ese contacto con los jóvenes, y por supuesto con los profesores, nos sirve de retroalimentación y nos permite, con seguridad, mejorar nuestro discurso y aprender mucho de la realidad nacional.

 

Generalmente salimos satisfechos de esos diálogos, muy fructíferos, que apoyan a que los adolescentes y jóvenes participantes, traten de temas y tópicos que a veces pasan desapercibidos en medio de las obligaciones y derechos que la vida estudiantil implica.

 

Pero, en uno de los Foros recientes, y al preguntársele a los jóvenes si en la educación existe o puede visibilizarse la corrupción, el sí fue unánime y también el darse cuenta que uno de los principales problemas en las aulas de clase, es la copia, ese afán de los estudiantes de pasar los años sin el menor esfuerzo.

 

La verdad es que cuando el conferencista les preguntó a los alumnos, cómo se sentirían después de copiar, cuando salen del salón donde se lleva a cabo la prueba y el examen, hubo muchos que contestaron que felices.

 

Es decir ya no hay atisbo que lo que se hace con la copia está mal; se cree que el demostrar conocimientos que no se poseen es un acto más de la viveza criolla.

 

Este ejemplo que acabo de relatar, debe ponernos en la pista de que algo estamos haciendo mal como sociedad, si es que los asociados no conocen la más elemental idea de que violar las reglas crea problemas.

 

Copiar los exámenes, las pruebas, los trabajos, además de una violación a los estatutos y reglamentos es una falta de honestidad para con nosotros mismos.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

LA ESCALA DE LA CORRUPCIÓN

La Hora

7 de septiembre de 2011