Enero 2017 

La mentada dolarización

 

Muchos fuimos escépticos cuando se empezó a pensar en que el Ecuador abandonaba su moneda nacional para optar por el signo monetario norteamericano.

 

Finalmente, cuando en un intento desesperado por aferrarse al poder, el entonces presidente Mahuad, tomó la decisión y le aplicó pena de muerte al sucre, todos tuvimos que adaptarnos y, si bien la medida no salvó al gobernante en peligro, si logró dar estabilidad a la economía ecuatoriana.

 

Una estabilidad que apreciamos prácticamente el 99% de los ecuatorianos, que hemos sentido que, al margen de los desbalances políticos, de las situaciones problemáticas, y hasta de la revolución ciudadana, el dólar ha significado capacidad de planificar a las economías ecuatorianas, la posibilidad de adquirir equipos y bienes, sabiendo que las fluctuaciones monetarias no iban a afectar al precio final del bien adquirido a crédito.

 

Claro, el dólar comenzó a tornarse en una molestia, en una especie de camisa de fuerza, luego de pasada la bonanza petrolera, con un petróleo en otras épocas inimaginable, a más de cien dólares el barril, cuando las deudas empezaron a tornarse exigibles, cuando la abultada burocracia necesita los salarios a tiempo, cuando se quiere continuar con una política de dispendios y un gasto público exorbitante.

 

Ahí sí el dólar se convierte en el convidado incómodo y se habla de recuperar la soberanía, de contar con instrumentos de flexibilidad, que en definitiva lo único que harían sería propiciar la emisión inorgánica de dinero, volver a vivir con el fantasma de la inflación galopante, en fin, ponernos en el camino de la venezuelización que aparece como el terrible espejo en el que se miran las economías y los países que optaron por la famosa y fracasada revolución socialista del siglo XXI.

 

Atentos todos a la hora de elegir gobernantes, no vayamos a dejarnos seducir por las pieles de cordero y escojamos a quienes tienen como agenda alternativa el proceso de desdolarización.

 

Rosalía Arteaga Serrano