ROSALÍA ARTEAGA SERRANO

 

En estos últimos días tuve el privilegio de asistir a la XII Cumbre Hemisférica de los Alcaldes de todo el continente americano, invitada por FLACMA, la Federación más grande de autoridades municipales.

 

La concurrencia de más de 2.500 alcaldes es algo digno de relievarse, porque demuestra la importancia que los munícipes le dan al diálogo, al intercambio de experiencias, al conocimiento mutuo, a los aprendizajes.

 

Además de aquilatar la fuerza que tienen los gobiernos locales, pudimos palpar la riqueza de contenidos de una agenda que se preocupa por solucionar los problemas de cada ciudadano que mora en un municipio o cantón, pero que está pendiente también de los efectos del cambio climático en las urbes, de la necesidad de que, aquello que se decide en los gobiernos nacionales y en las convenciones internacionales, se cumpla.

 

Entre ese cumplimiento destacan con remarcado acento, lo que tiene que ver con los Objetivos de Desarrollo Sustentable, que deben realizarse precisamente en el territorio, que no pueden dejar de prestar atención a lo que globalmente ocurre pero que lo sufren los habitantes de cada espacio, más aún en el caso de economías que no logran satisfacer los requerimientos de su población, inclusive en lo básico.

 

La reunión de FLACMA de Punta del Este, vino a resaltar ese trabajo, a dar esperanzas a las comunidades pequeñas, a sus habitantes, pero también a proponer respuestas a las grandes y medianas ciudades.

 

El enfoque democrático es también algo que debe relievarse, ya que allí reside la fortaleza de las autoridades elegidas por votación y de extracto popular.

LA FUERZA DE LO LOCAL