LA DIGNIDAD DE LOS MANABAS

La Hora

Mayo-2016

 

El día 18 de mayo, el de las grandes réplicas, que nos asustaron, primero a las tres de la mañana, casi cuando nos disponíamos a salir desde Quito, rumbo a la provincia de Manabí, y luego alrededor de las 11:46 de esa misma mañana, en el pleno centro de Pedernales, nos hicieron sentir una vez más la fragilidad de los seres humanos, la impotencia frente a los fenómenos naturales.

 

Sentimos que la tierra se movía bajo nuestros pies, que los postes se bamboleaban peligrosamente y que las construcciones se venían abajo, sobre todo las ya afectadas por el terremoto del 16 de abril. El grupo que estaba haciendo un recorrido, sintió junto con los habitantes de esa hermosa región, el duro y violento movimiento sísmico, que otra vez puso llanto en los ojos de los niños, ocasionó desmayos en adolescentes y dejó plasmada su carga de tristeza en todos, angustiados por la situación y por la incertidumbre frente al porvenir.

 

Pedernales parece haber sufrido un bombardeo, hay tantas edificaciones destruidas y otras parecen pender de un hilo, en curvaturas muy peligrosas que amenazan derrumbarse al menor empujón o soplo de viento.

 

La gente sale a las calles, parecen no encontrar sosiego, pese a que tratan de regresar a la normalidad de sus actividades caracterizadas por el gran emprendimiento que es parte de su forma de ser.

 

El grupo de FIDAL que partió desde Quito, acompañado por arquitectos que se nos sumaron desde Cuenca y Guayaquil, por rotarias de Quevedo, por jóvenes alemanes y ecuatorianos, por autoridades venidas desde Calceta, hizo un reconocimiento de escuelas destruidas y en estado clamoroso, se nos dijo que más del 80% de la infraestructura escolar ya no existe.

 

Entregamos alimentos, ropa, elementos de aseo, agua, en comunidades del propio Pedernales, de Chorrera, de Coaque; hay en la gente que recibe una dignidad que me impresiona, no se amontonan, se organizan en hileras, hay tristeza en los ojos, angustia, se intercambian las cosas que les sirven más a otros, están desesperados por recuperar su vida de trabajo, de familia, sin embargo siguen durmiendo en carpas, muchos lo han perdido todo, y a pesar de la gran solidaridad de ecuatorianos y extranjeros, sienten que la acción gubernamental no llega de la forma debida y a tiempo.

 

Lo que sobresale y resalto es esa gran dignidad de los manabitas en estos momentos de dolor, de crisis, de incertidumbre.
 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.