JUGAR CON LA BUENA FE

El Tiempo

Marzo de 2016

 

Otra vez la buena fe de los ecuatorianos se pone a prueba, ya muchos cayeron en manos de chulqueros, de gente inescrupulosa que se aprovecha de la gente que necesita créditos, ya lo hicieron los que descubrieron el arte de la piramidación, recibiendo dinero de gente ingenua o de aquellos que quieren ganancias rápidas.

 

En esta ocasión se trata de quienes envían encomiendas, sobre todo de España, que caen víctimas de gente que juega con la credibilidad y también con la necesidad. El envío de encomiendas es de vital importancia para quienes viven lejos, para quienes envían regalos, pero también recursos a los familiares que se encuentran distantes. El escándalo es mayor de acuerdo al número y a los montos de los perjudicados.

 

Me he referido a este tema de la buena fe, porque tiene que ver con la esencia de la convivencia entre seres humanos, con esa innata forma de creer en los otros, de pensar que la gente actúa bien y que no es necesaria la coerción para ello, porque los seres humanos somos solidarios, decimos aquello que sentimos, actuamos de acuerdo a lo ofrecido, por lo tanto no deberíamos andar a la defensiva. Me parece que aspirar a esa vida civilizada no debería ser calificada como una ingenuidad.

 

Si tenemos unas reglas básicas de convivencia que se respeten, si nos ponemos de acuerdo en cumplir esos presupuestos conjuntos, podemos hacer que las sociedades funcionen, sin que el planeta se convierta en una inmensa jungla en la que impere la ley del más fuerte, del más vivo, del más pillo.

 

Me repugna pensar en que cada vez más los principios se violentan, que se juega con la credulidad de la gente, que cada vez más nos acostumbramos a dudar del que está en frente de nosotros, que cada vez se transforma en realidad aquella vieja conseja del "piensa mal y acertarás" o de que "el hombre es lobo del hombre". ¡Qué triste realidad!, avanzamos más en técnicas y en descubrimientos, la ciencia nos ayuda a resolver incontables problemas, pero la ética sigue en descenso, y cualquier atrocidad nos parece algo común y corriente.

 

¿Por qué no rescatar la fe, la capacidad de creer en los otros? ¿Por qué no implantarlo como principio básico? ¿Será tal vez pedir demasiado?