INDEPENDENCIA

El Tiempo

31 de octubre de 2011

Al tiempo que exaltar a una ciudad procera como Cuenca, la de los Andes, la de los Cuatro Ríos Cantarinos, por su papel en la independencia del país, y porque precisamente este Tres de noviembre, se celebra un aniversario más de la independencia de la que ha sido considerada la capital cultural del Ecuador, patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco, es  importante utilizar la celebración de una fecha como lo hacemos ahora, para también reflexionar sobre lo que significa la independencia. Es verdad que la labor de los patriotas, que en los más diversos confines de nuestra América, ávidos de la libertad de las colonias que habían sido conquistadas por la corona española a través de hazañas, muchas veces épicas de aguerridos soldados, es la que marca un hito que convierte a la colonias en incipientes repúblicas, cuajadas de problemas pero también de sueños.

 

Pero no es menos cierto, que la independencia, aquella que aspiramos siempre, basada en un entendimiento claro de lo que es la soberanía y al mismo tiempo la relación con los países, se la obtiene cada día, con el trabajo constante de su gente, con el respeto de la libertades, no solo las colectivas, sino también las individuales.

 

Libertades  individuales que fueron aquellas al calor de las cuales se realizaron muchos de los movimientos independentistas americanos, basados en los postulados de la revolución francesa y de la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica.

 

Es cierto que las la consagración absoluta de las libertades individuales puede llevar a excesos, cuando asistimos a individualismos que se sobreponen sobre los derechos de los demás, pero también la historia ha sido rica en ejemplos en los cuales tampoco los derechos colectivos llevados a ultranza, sin considerar las diferencias y las aspiraciones de los seres humanos como tales, han producido sociedades adecuadas y felices.

 

Hay que buscar entonces un justo medio, un espacio en el que tanto las libertades individuales como las colectivas puedan tener espacios, en donde primen los valores y en donde el ser humano tanto individualmente como en su calidad de género humano, puedan encontrar los caminos y los andariveles que, dentro de la sustentabilidad que ahora más que nunca requerimos, puedan encontrar cabida y capacidad de convivencia y avance.

 

Así, la independencia de una ciudad como Cuenca, sus celebraciones justas, nos llevan a otras reflexiones y pensamientos: saber que la voluntad omnímoda de uno no puede imponerse sobre los demás, que las democracias exigen la división de poderes, que el derecho fue creado precisamente para evitar los abusos, que hoy más que nunca, debemos ser conscientes de los valores que una ciudad altiva y señorial como Cuenca, jamás debe perder.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO