IGUALDAD ANTE LA LEY

La Hora

14 de marzo de 2012

Una de las reglas de la democracia es la de la igualdad ante la ley. Este ha sido uno de los derechos que identifican a los regímenes democráticos, y, aunque dista mucho de ser una práctica totalmente consagrada, el acercarse más a su pleno ejercicio, nos dice de la mayor o menor democracia existente en una determinada sociedad.

 

Por ello, hace unos días, cuando se convocaron por parte de diferentes sectores marchas y contramarchas, concentraciones, etc., coincidentes con la celebración del día internacional de la mujer, lo lógico habría sido, precautelando el orden y evitando los desmanes, por supuesto; que se den garantías a todos para que la expresión popular se manifieste.

 

Sin embargo de lo dicho, se notó una gran diferencia en la capacidad de movilización de las huestes gobiernistas y las de oposición, ya que si bien las unas tuvieron todas las facilidades de desplazamiento, las otras adolecieron de permisos y hasta se prohibió el paso de los vehículos de transporte masivo de manera interprovincial, sin las respectivas licencias de movilidad.

 

Esto configura indudablemente, una falta de equidad en cuanto a esas opciones de manifestarse públicamente. Los diferentes sectores han sido afectados, probablemente en mayor medida el sector indígena, que anunció una marcha saliendo desde la Amazonía hacia la capital de la república; marcha que, pese a las dificultades avanza, gracias al tesón de algunos dirigentes.

 

No estamos analizando en este comentario las razones o las sinrazones de cada uno de los sectores, sino más bien ese principio de igualdad que debe respetarse y que garantiza el libre ejercicio de la capacidad de manifestarse, sin que esas manifestaciones aparezcan como penadas y sancionadas.

 

Los gobiernos deben aprender a ser tolerantes, a respetar la opinión ajena. Uno de los grandes problemas de la humanidad es la intolerancia, que suele luego obtener como respuesta la explosión social, el imperio de la violencia, todas situaciones que no son deseables a ninguna sociedad.

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.