GESTIÓN DEL RIESGO

La Hora

15 de octubre de 2015

 

Una de las cosas que no hemos aprendido en muchas de las sociedades y países, a pesar de que ya llevamos más de una década de transcurrido el tercer milenio, es a prevenir, a colocarnos en escenarios que nos pongan a resguardo de situaciones que pudieron prevenirse o al menos paliarse.

En el caso actual, el Ecuador se ve abocado a dos situaciones de riesgo aparentemente inminente, la una es la presencia del denominado Fenómeno del Niño, derivado de condicionantes de orden meteorológico, basado en un cambio de patrones de las corrientes marinas, que sabemos que indudablemente impactará, sobre todo en la región costera de nuestro país, así como en la de otros países de América del Sur y de otros continentes.

La otra, que reviste caracteres dramáticos, es la anunciada erupción del Cotopaxi, considerado uno de los volcanes más peligrosos del mundo, sobre todo por la cantidad de nieve acumulada en su cima, que daría lugar a los famosos lahares que pueden causar destrozos en propiedades y en vidas, según los antecedentes registrados.

Ahora bien, frente a estos desastres anunciados, la prudencia recomienda el tomar medidas de precautelación, haciendo las obras necesarias en las zonas de riesgo, protegiendo los cauces de los ríos, estableciendo sistemas de saneamiento ambiental, quien sabe si también desviando cauces, derritiendo los glaciares por métodos artificiales, en fin, no dejando todo al acaso y a la fatalidad.

Un aspecto muy importante es la difusión de lo que ocurre, la educación de la población, la formación de equipos de la propia sociedad civil, la inclusión de los moradores de los territorios a ser afectados, el fortalecimiento de los vínculos de solidaridad, una verdadera cultura de gestión de riesgos, en suma, que minimice los impactos y salvaguarde a las personas y a los bienes.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.