Diciembre 2016

HAY UN TIEMPO

Hay momentos y días especiales en las vidas de las personas y en general podríamos decir que éste en el que se celebra el nacimiento de un Niño, el nacido de una Virgen, que luego sería inmolado en circunstancias que las han relatado los libros básicos del cristianismo, los denominados Evangelios, es único y constituye también, después de más de dos mil años de ocurrido el acontecimiento, un espacio para la reflexión.

 

Por ello quiero, en este espacio del que dispongo, pensar en las cosas que nos conciernen, en las que nos ocupan, en las que generan preocupación frente al futuro.

 

Parecería que con el transcurso de los tiempos y con la experiencia que la humanidad va ganando, situaciones como las de Siria no podrían darse, ni tampoco los atentados en los diversos países, en los que mueren centenares y miles de personas.

 

Parecería que las agresiones contra las mujeres y los niños deberían ser cosa del pasado, que el afán de imponer criterios únicos también sería relegado para dejar paso a la vigencia de la tolerancia y de la comprensión.

 

Parecería que las intransigencias, que los abusos de poder, que las situaciones límites serían algo a lo que tendríamos que referirnos en tiempo pasado y que no deberían ocupar nuestra mente y nuestro tiempo, sino el desarrollo de las personas, el avance de la civilización.

 

Pero, henos aquí, cuando celebramos la Navidad y cuando se acerca el final de otro año, enfrentados en luchas, temiendo por el futuro, sometidos a incertidumbres, asemejándonos tal vez más, a los hombres de las cavernas de donde trágicamente procedemos y no conseguimos salir.