HANSEL Y GRETEL

El Tiempo

5 de febrero de 2013

 

Confieso que todavía hoy, en tiempos de internet y de tecnología de punta, me deleito cuando cae en mis manos un cuento destinado a los niños y también conservo la fascinación por los antiguos cuentos de hadas o aquellos originarios de las más diversas regiones que recogen leyendas y consejas populares.

 

Dentro de esos cuentos que alcanzaron la fama mundial y que siempre gozaron de las preferencias de los niños, está la leyenda alemana, retomada por los hermanos Grimm, que narra la historia de los hermanos abandonados en el bosque que encuentran una casa de chocolate, galletas, jengibre y otras golosinas, para luego ser capturados por la bruja que quiere comérselos.

 

Claro que el cuento tiene un lado obscuro, qué duda cabe!: el abandono de los niños por sus propios padres impulsados por la pobreza, la bruja que los engorda para comérselos, la muerte de la bruja quemada en el horno.

 

Pero de allí, a la violencia explícita, constante, sangrienta, que se aprecia en la nueva película que se denomina Hansel y Gretel, hay una gran distancia.

 

La película del realizador noruego Tommy Wirkola, es una película de horror, los niños se transforman en cazadores de brujas, que lo hacen por una paga, y que recorren el mundo, en calidad de jóvenes expertos, enfrentados a esta búsqueda y cacería, con escenas de violencia tan absurda, tan dramática, que indudablemente causan más impacto en el público adulto, porque parece que el juvenil está ya tan acostumbrado a la violencia que hasta las escenas más duras los dejan impasibles, sin reaccionar frente a lo que a unos nos hace cerrar los ojos para evitar la agresión a todos nuestros sentidos, ya que el ruido acompaña a las acciones, más aún, si, como en mi caso, contemplé la presentación en un IMAX, con lo que se siente prácticamente en el rostro el impacto de las armas o el baño de sangre de las crudas escenas que se suceden unas a otras.

 

Es una lástima que la tecnología tan de primera, sea usada para transmitir tales niveles de violencia, y después nos asombramos que la violencia impere en nuestras calles y plazas. No está lejos el día en que un joven norteamericano vestido como el Guasón, penetrara en el estreno de la nueva película de Batman, provisto de un arma para matar a varios de los asistentes al espectáculo.

 

Por supuesto que habrá quienes defiendan el film, sobre todo por la cantidad de efectos especiales y de tecnología que se usan en el mismo, pero para  mí, esto no tiene la menor justificación, causa daño en las sociedades y, si no estimula la comisión de actos violentos, al menos insensibiliza a buena parte de los públicos asistentes.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.