HAITÍ: DOS AÑOS DESPUÉS

El Tiempo

26 de enero de 2012

 

El terrible terremoto de Haití, ocurrido en enero del 2010, en el que murieron aproximadamente 250.000 personas y otro millón y medio se quedaron sin un techo, sin una vivienda, amerita una evaluación de lo que los Organismos Internacionales y la propia solidaridad de los países, ongs, etc, han podido conseguir. Recordemos que el país entero quedó en escombros e inclusive buena parte de los edificios de la administración pública fue destruida.

 

Aparentemente diez millones de metros cúbicos de escombros se produjeron, lo que motivó la necesidad de reutilizar algunos materiales para la reconstrucción del país.

 

Recordemos que también, a lo largo de estos dos años, además del terremoto, Haití sufrió dos huracanes, una terrible epidemia de cólera y un difícil proceso electoral.

 

La situación de Haití antes del terremoto, ya era suficientemente caótica y con índices de pobreza los más altos en todo el continente americano.

 

Frente a todo este panorama, y a pesar de todo lo que se pueda decir, en tono crítico, sobre la organización de la ayuda, lo gigantesco de lo que se demandaba en cuanto a acción humanitaria, ocasionó, que, aún con la avalancha del apoyo que llegaba, las formas de canalizar esta ayuda, en un lugar en donde todo sonaba a emergencia, ha puesto a prueba a organismos, instituciones y a las propias personas.

 

En este sentido, según informes de la propia Naciones Unidas, todavía existen más de 500.000 personas sin un techo, viviendo en carpas, aún la situación de salubridad y de servicios públicos es dramática, sin embargo, esa solidaridad ha conseguido que ya mucha gente recupere sus viviendas, que muchos materiales extraídos de los escombros hayan sido reciclados, que las personas vuelvan a tener alguna esperanza de que se puede vivir en democracia, con un nuevo gobierno que está intentando dar pasos hacia esa recuperación de la fe.

 

Seguramente pasarán muchos años todavía para que la gente se recupere de lo vivido durante y después del terremoto, pero todavía el mundo puede tener fe en la solidaridad universal.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.