Recorrer una ciudad que mira hacia adelante, que cada día exhibe nuevas consecuciones, es siempre estimulante. Esta última semana, tuve la oportunidad de recorrer algunos lugares que no había visitado en algún tiempo, ubicados en la ciudad de Guayaquil. Uno de ellos es el singular barrio de Las Peñas, espacio en el que se acumula la historia de la ciudad, que mantiene no solamente sus casas de madera, conservadas a través del tiempo y que han escapado a incendios y a polillas; justo al final o al comienzo de la misma, depende de cómo se la mire, se encuentra un edificio en el que comparten uno de los pisos, dos hermosos museos que reflejan también parte de su historia, y los dos están en manos y surgieron gracias a la tenacidad de una mujer, la historiadora Jenny Estrada, persona dedicada al rescate de las tradiciones, que hurga en la historia, y que de tiempo en tiempo nos regala sus publicaciones, entre las que siempre destaca su redescubrimiento de Matilde Hidalgo, una mujer total.

 

Jenny nos conduce en la visita de los museos que fueron apoyados por la iniciativa privada, pero que son museos municipales, el primero de elloS, el que consume sus desvelos, es el de la historia del pasillo, que lleva el nombre de uno de los grandes de la música ecuatoriana: Julio Jaramillo Laurido, el inmortal J.J., quien tiene su espacio en el museo, pero en el que también están los instrumentos musicales, las ambientaciones, los testimonios que quedan de las disqueras del Puerto Principal, allí recalan también las fotos y los recuerdos de otros grandes del pasillo ecuatoriano.

 

El museo, que cuenta con un auditorio que se transforma en aula de clase o espacio para recitales, también se ufana de recibir en su seno y estimular a una escuela de guitarra, donde ya cuatro grupos de egresados, son los beneficiarios. El otro museo está dedicado a exaltar y recordar la memoria de la fabricación de la cerveza, allí están las fotografías, los instrumentos, los recuerdos, el pequeño restaurante donde se degusta la cerveza, los platillos de la gastronomía y la conversación.

 

Jenny Estrada nos ha mostrado sus dominios, nos quedamos con el regusto de lo disfrutado y con ganas de regresar.

 

Pero tampoco podía dejar esta vez Guayaquil, sin dejar de visitar el punto de atracción de los Guayaquileños en estos últimos días, se trata de la nueva pileta luminosa, cuyas aguas se elevan al ritmo de la música, mágicamente desglosada en colores y en el juego de las aguas que se levantan imponentes.

 

La gente mira embelesada la fuente ubicada en el Malecón del Salado, nosotros nos sumamos a la contemplación y al disfrute.

 

Guayaquil está hermosa, se engalana cada vez más. Hay una administración municipal que cumple.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

GUAYAQUIL: MUSEOS Y FUENTE

La Hora

16 de noviembre de 2011