ROSALÍA ARTEAGA SERRANO

 

En diversas circunstancias y sobre todo durante la década perdida que significó el gobierno correísta, se dio en desacreditar a la prensa, sobre todo a la escrita, ponderando la capacidad de falsear las noticias y hasta de difamar.

 

Se puso énfasis en el tema de las redes sociales, a las que muchas personas les dan un enorme prestigio y creen a pie juntillas en lo que traen las famosas redes en las que debemos incluir el WhatsAp, que, aunque llega direccionado a una persona o grupo, tiene la habilidad de difundirse con una velocidad increíble.

 

Conforme pasan los tiempos, nos encontramos sin embargó con que las redes se han transformado también en una poderosa arma de lo que los expertos llaman por su nombre en inglés de Fake News, es decir Noticias Falsas, distribuyendo con una rapidez casi inverosímil cualquier cosa que, de tanto repetirse, gana verosimilitud y adquiere las características de una verdad incontrastable.

 

Basta que alguien, con un cerebro afiebrado, deslice una mentira o incluso una aspiración a la que transforma en verdad, para que a la vuelta de unas cuantas horas y a veces hasta minutos, se piense que la noticia es verdadera y pone en duda la credibilidad de quienes intentan aclarar y deshacer el infundio.

 

Esto último ha ocurrido en los días anteriores, con relación a los aparentes futuros integrantes del gabinete presidencial ecuatoriano, lo que genera molestias, malas interpretaciones, equívocos que, una vez más, ponen en duda los contenidos de las redes sociales.

 

Habrá entonces que constatar y contrastar los enunciados con la verdad y, tal vez, volver a colocar en el nivel de credibilidad que tenían los tan mentados medios tradicionales.

FAKE NEWS