ÉTICA POLÍTICA

El Tiempo

3 de mayo de 2011

Algunos seguramente piensan que es una especie de herejía el juntar los dos vocablos o los dos términos, como que fueran refractarios, antinómicos,  antagónicos, alérgicos....

 

Sin embargo, creo que hoy es más pertinente que nunca, el pensar en conjunto en la ética y en la política e incluso en una ética de la política.

 

Si la política es, o debe ser, la capacidad de servir a los demás a través del trabajo público, o del servicio en las instituciones del Estado, podríamos entender que es una noble misión, que, por lo tanto bien podría andar de la mano con aquellos principios o preceptos morales o éticos, no solamente como un deber ser, sino como una compulsión a actuar de tal manera que no se perjudique a los demás, que no se abuse de los fondos públicos, que se tenga en la mira el beneficio colectivo y no el individual.

 

Frente a ese deber ser, se ve una contradicción en el accionar de las autoridades que nos gobiernan, que no vacilan en usar los fondos públicos para sus campañas electorales, que  usan los bienes del estado para promocionar una posición política en la próxima consulta electoral, extraña mezcla de referéndum y plebiscito, con mezcla también de espacios en los que lo público se confunde con los intereses de un sector allegado al ejecutivo.

 

Los antiguos decían que se debe predicar con el ejemplo, y eso mismo es lo que exigimos a nuestros gobernantes, que parecerían dedicarse con alma y vida a la campaña electoral, a recorridos que no terminan, a inauguración de obras, a la entrega de dádivas y hasta de borregos, con tal de granjearse la simpatía popular y obtener el respaldo en las urnas.

 

La necesidad de recuperar para la política el concepto de lo ético, lo que significan las actividades éticas, va más allá de simples enunciados, va hacia el evitar el enfrentamiento de los ecuatorianos con tesis diferentes, como lo ocurrido el pasado fin de semana, en que por aparentemente "proteger" al Presidente, si incita a la gente, a que en actitud reprochable, agreda a quienes forman parte de un movimiento de oposición, y logran herir a dirigentes políticos que hacen uso de sus derechos para demostrar oposición, convirtiéndose estos hechos en definitivamente inéditos .

 

En este sentido, debería existir una especie de rasero, para medir la actuación de los funcionarios públicos, de cualquier jerarquía, y no dejar la evaluación a componentes  absolutamente subjetivos que desvirtúen dichas evaluaciones, poniéndose énfasis en temas como la honradez, la lucha contra la corrupción, y otros temas de igual trascendencia e importancia.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO