La situación política ecuatoriana empezó a agitarse en los últimos días, primero con la cercanía y ahora con la entrada de lleno en las campañas que a favor o en contra de las preguntas planteadas por el ejecutivo se han desatado en todo el territorio nacional, pero también con la demanda planteada por el propio presidente de la república en contra de los autores del libro "El Gran Hermano", en la que los dos periodistas ecuatorianos Calderón y Zurita fueron demandados por una cifra muy elevada de dinero, por haber escrito un libro en el que se develan los entretelones de las contrataciones públicas a favor del hermano del presidente ecuatoriano.

 

Parecerían dos hechos o acontecimientos aislados, pero en verdad no lo son, tienden a controlar a las personas, a coartar la libertad de expresión, a dejar de lado las libertades individuales.

 

La demanda lleva implícita la advertencia a todos quienes se atrevan a discrepar con el régimen, a denunciar lo que ocurre al interior del mismo, de que pueden ser sujetos de enjuiciamientos, de perjuicios económicos y hasta de pérdida de la libertad, como ocurre con los presos políticos Carrión y Araujo, inculpados por el gobierno, y a quienes realmente se les está transformando en chivos expiatorios de los acontecimientos de septiembre del año pasado.

 

La intolerancia manifiesta del régimen a cualquier tipo de oposición, hace que funcione una especie de aplanadora que se empeña en disuadir a cualquiera de manifestar públicamente su disconformidad y sus críticas, lo que indudablemente desdibuja nuestra maltrecha democracia.

 

Ahora, durante los cuarenta días que dura la campaña, será reiterativo el mirar al propio jefe de estado, a sus ministros, a sus gobernadores, hacer una campaña totalmente frenética a favor del sí, por supuesto los recursos del estado, es decir de todos nosotros, estarán en juego, a través de la exhibición de una marea verde que utiliza el tiempo de trabajo en la mencionada campaña, mientras una oposición que intenta articularse, tratará insistentemente de demostrar a un electorado cautivo en base a bonos y a ofertas, de los peligros que entraña para la misma democracia el responder si a las preguntas planteadas.

 

La lucha aparece muy desigual, el Estado Goliat, frente a los pequeños David que se enzarzan en una batalla de resultados previsibles.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

ENTRE DEMANDAS Y CAMPAÑAS

La Hora

30 de marzo de 2011