Enero tiene innumerables connotaciones, empezando por aquella que significa comienzo, inauguración, novedoso, lo que conlleva el nuevo año, pero también para los ecuatorianos, nos trae el álito de la libertad, de aquella que pregonaba el impar precursor de la independencia, Eugenio de Santa Cruz y Espejo, sobre todo de aquella libertad a expresarse, que tan bien la ejerció a través de la publicación "Primicias de la Cultura de Quito", cuya primera edición apareciera  un 5 de enero de 1.792, en cuya memoria se estableció precisamente la celebración que acabamos de tener, del día del periodista ecuatoriano.

 

La celebración de este año, tiene significados especiales, cuando todavía está en discusión la nueva ley de comunicación que quiere aprobar la Asamblea, y que tantos comentarios ha levantado, sobre todo por ciertos articulados que desvirtúan aquel concepto de libertad que tan caro nos es y por el que tantas luchas se han dado.

 

La discusión sobre la ley de comunicación, que algunos quieren restringirla solo al ámbito periodístico, pero que es eminentemente ciudadana, entraña una enorme importancia, sobre todo por lo que está en juego, que es esa libertad de expresión, la posibilidad que han tenido los periodistas y comunicadores ecuatorianos, de investigar lo que ocurre al interior del poder político, del poder económico, develando muchas veces, situaciones de corrupción, de abuso del poder.

 

La prensa ha jugado un papel trascendental en la defensa de la democracia, por eso es necesario que se mantenga libre, que permita a los ciudadanos el expresarse, pero también el conocer lo que ocurre en el Ecuador y en el mundo, sin los filtros que usualmente el poder quiere colocar, y que tienden a distorsionar esa realidad o a teñirla con el tinte de una tendencia partidista, política, ideológica.

 

El recuerdo de lo que ocurrió el pasado 30 de septiembre, a raíz del levantamiento policial por reivindicaciones salariales, no debe olvidarse, por todo lo que entrañó el sentir que la única versión que podía verse a través de los medios de comunicación, alineados a la voz única de los medios estatales, era la que representaba al gobierno; lo que fue una demostración de cómo podría ser un país en el que no exista libertad de expresión.

 

Por todo ello, bien vale recordar la celebración del día del periodista ecuatoriano, rememorar el trabajo de ese ilustre ecuatoriano como lo fue Espejo, poner en práctica sus enseñanzas, pero sobre todo, pensar en los valores que entraña el manejo del periodismo y la noble tarea de comunicar.

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.

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La Hora

6 de enero de 2011