¿EN QUÉ SE GASTA LA PLATA DEL BONO?

La Hora

8 de agosto de 2013

Es importante diseñar políticas que tiendan a llenar la brecha enorme que existe entre ricos y pobres, más todavía en países como el Ecuador, y en continentes como América Latina, que ha sido, en muchas ocasiones, calificado como el continente de las asimetrías.

 

Estas políticas deben ir encaminadas sobre todo en cuanto a la generación de empleo, a buscar salarios dignos, a diseñar sistemas que permitan el acceso a la salud y a la educación de calidad para todos.

 

El tema de los subsidios siempre ha sido puesto en la mesa de discusión, porque, si no tienen un objetivo, un target, un sistema de selección, un control de que llega efectivamente a quienes mas lo necesitan, y un tiempo de duración; pueden generar una suerte de desincentivo al emprendimiento y al trabajo, sumamente riesgoso para la salud interna de los países y para un auténtico desarrollo.

 

En el Ecuador, llevamos ya algunos años en los cuales se han desarrollado una variedad de subsidios, lo que obligaría a un análisis detenido de qué resultados se han logrado y hacia dónde vamos.

 

Hay quienes critican en general toda política de subsidios, yo no me encuentro en ese andarivel, pero si entre los que nos preocupamos por hasta dónde se llegará con esa política y hasta cuánto y cuándo el país puede resistirlo, si, ya lo hemos visto, el endeudamiento tiende a hacerse agresivo, y la dependencia de los créditos chinos se está volviendo cada vez más evidente.

 

Por otro lado, creo que deberían hacerse estudios serios para determinar en qué gasta prioritariamente la gente el bono solidario que recibe. Hay quienes sostienen, no sé si hay bases para ello, que la mayor parte del dinero que el Ecuador destina para subsidiar a la gente más pobre del país, va a caer en los bolsillos del hombre más rico del mundo, quien tiene el negocio mayor de telefonía celular en el país.

 

Sería paradójico, por decir lo menos, que ese dinero que tanto esfuerzo le cuesta generar al estado ecuatoriano, por el que posiblemente estemos pagando intereses altos, vaya a utilizarse no para alimentar mejor a los niños, no para darles mejores expectativas de vida, sino para que se hagan más llamadas telefónicas y la utilidad vaya a unos bolsillos que evidentemente no los necesitan.

 

 

 

ROSALÍA ARTEAGA SERRANO.